Posts etiquetados ‘The Wire’

Baltimore Traditional

Enero 14, 2008

Descubro con gran placer que la realidad desmiente mi post de ayer: el canal TNT (Digital+) ha comenzado a emitir The Wire. La cita es los domingos a las 22h., aunque desconozco cuántas temporadas van a emitir, ni si ofrecen la posibilidad de ver la serie en VOS. En cualquier caso, una excelente noticia para la salud mental en esta tierra baldía para la cultura en televisión que es España.

 

Avisados quedan: menos Aída y más The Wire.

El cambio merece la pena.

If animal trapped inside, please call…

Enero 13, 2008

El año pasado perdí mi oportunidad (por poco), pero por fin he podido hacerme con el cofre que contiene las nueve temporadas de Expediente X. No es la mejor serie de todos los tiempos (de eso voy a hablar dentro de un rato), pero lo mismo da. Qué gozada poder ver los capítulos en orden, sin publicidad y en versión original! Menudos meses de nerdismo freak que me esperan… Es una de esas series con las que, simplemente, disfrutas un buen rato en cada capítulo (aunque ya sé que tiene temporadas mejores y peores, y capítulos espantosos, pero son los menos…). Desde luego, la culpa de todo es de David Lynch: sin Twin Peaks, no habría habido X Files, evidentemente. Y el aroma inconfundible de la serie de Chris Carter se respira de manera tan evidente en leyendas de juventud como los dos primeros Resident Evil, o en Silent Hill 2 que resulta para mí más una evocación general de un estado de ánimo particular que el mero visionado de una buena serie: ver Expediente X es un poco como recordar la primera vez que leí La Sombra sobre Innsmouth o Los Perros de Tindalos. Me dejo llevar por la credulidad y me lo paso como un crío otra vez.

La semana pasada comenzó la emisión de la quinta y última temporada de la que ha sido, hasta el momento, no sólo la mejor serie de la historia de la televisión, sino lo mejor que le ha pasado a la narrativa de ficción en los últimos años: The Wire. No hay modo ni manera de que pueda explicar porqué es TAN TAN buena. Sólo diré que, de entre las muchas horas de gloria fílmica que le debemos a la HBO (con The Sopranos y Six Feet Under a la cabeza), nada puede acercarse a la perfección formal, estructural, narrativa e interpretativa de esta serie. The Wire es una de las mejores experiencias que como espectador he tenido en mi vida. La pongo sin problemas a la altura de El Padrino, Ciudadano Kane, La Delgada Línea Roja, Blade Runner, Pulp Fiction, la trilogía Azul Blanco Rojo de Kieslowski, Stalker o Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Primavera (son las primeras que me han venido a la cabeza), si no por encima. La profundidad de sus personajes, lo excelso de sus interpretaciones, la honestidad de sus planteamientos, la perfección de su ejecución, lo implacable de su desarrollo, la capacidad para no caer jamás en tópicos ni en lugares manidamente visitados por todo el mundo, la elegancia de los guiones, el incansable respeto por la inteligencia de su público. No hay absolutamente nada que se le pueda achacar como defecto a este ejercicio de virtud cinematográfica y, en general, artística(en el sentido etimológico de la palabra virtus, en el sentido spinoziano/maquiavélico del término).

Por supuesto, un producto de tan alta calidad no tiene cabida en la televisión de este país, por lo que ni siquiera se ha emitido un solo capítulo de The Wire en España. Hay que recurrir a Internet o a la compra de DVDs en edición internacional. Eso, contra lo que pueda parecer, es una fortuna, pues preserva algo que creo que hace única a esta serie y que no he mencionado en concreto aún: es fundamental ver esta serie en con su sonido original. Los doblajes de esta serie deberían estar prohibidos, pues no conozco serie alguna que se apoye tanto en el uso concreto y específico del lenguaje como lo hace The Wire. La lengua en The Wire es tan absolutamente determinante como en un poema de Hölderlin o una obra de Shakespeare, Joyce o Cortázar. Tratar de traducirlo sería sin duda asesinar el texto. Por eso, aunque la trama y los diálogos se sigan a través de subtítulos (la serie ha tenido problemas de comprensión incluso en USA; mucha gente no entiende lo que los personajes dicen), es necesario escuchar al elenco de The Wire entregar el texto y sus frases como lo hacen. Yo he defendido en mil y un ocasiones la necesariedad de ver siempre que sea posible las películas en versión original (con o sin subtítulos en función de la competencia que se tenga en el idioma concreto en que estén rodadas), pero en este caso mi vehemencia no puede ser mayor.

Os aseguro que nada mejor que The Wire puede pasar por vuestras pantallas. No dejéis de verla.

David Simon es, en gran medida, el creador de The Wire y podéis leer, si os interesa, o si no encontráis la manera de ver la serie, el libro que la inspiró. Es obra del mismo Simon y lleva por título Homicide: A Year in the Killing Streets. Es una auténtica gozada: fruto del trabajo de investigación de Simon como periodista incrustado en la unidad de homicidios de la policía de Baltimore (Maryland), durante un año -cuando éste trabajaba para el Baltimore Sun-, es la crónica de la vida diaria de los miembros de la unidad, además de un implacable análisis de la realidad de la vida en la ciudad media estadounidense. Un libro periodística, narrativa, antropológica y sociológicamente fascinante.

Guionista habitual de la serie y también productor, George Pelecanos es autor de uno de los libros que he leído recientemente: The Night Gardener. No tan bueno como Simon, pero un buen escritor, y ésta última obra suya es sin duda una buena novela que recomiendo a todos.

También he leído, regalo de navidad de mi madre, Decidme cómo es un Arbol, autobiografía (o, más bien, habría que decir memorias) del poeta Marcos Ana, preso político por veintitrés años durante la dictadura fascista de Franco. Un libro sin duda muy honesto, cuyas primeras doscientas páginas son muy recomendables aunque, lamentablemente, pierde interés conforme se acerca a su tramo final.

Estoy acabando Un Trabajo muy Sucio, de Christopher Moore. Una novela de humor negro, suficientemente divertida, suficientemente bien escrita y, desde luego, una lectura muy amena. Como Paula me dijo: “está bien, pero es que me acabo de terminar uno de Kawabata y, claro… Le falta sustancia.” Pues eso mismo.

No puedo dejar pasar la ocasión de recomendar a todo el que lea esto que aproveche para completar su biblioteca con los dos tomos (el segundo acaba de salir) que recogen la narrativa completa de Lovecraft, en la colección Gótica de la editorial Valdemar. Una gozada para los amantes de este tipo rarito y en ocasiones genial.

Estoy sumergido ahora en la lectura de La Educación Sentimental, aunque la traducción (la de Germán Palacios publicada por Cátedra Letras Universales) no me termina de convencer. Iré dando impresiones conforme avance más (aunque ya puedo comenzar diciendo que es Flaubert, quiero decir: joder, ES FLAUBERT -hace tiempo que no leía nada suyo y casi había olvidado lo bueno que es-).

También estoy con otro francés, Georges Duby, especialista en el arte y la sociedad de la edad media, a quien conocí -literariamente hablando- gracias a mi compañero de viajes helénicos Dani Nekaipán. Ahora estoy con un maravilloso estudio que publicó en los años setenta del pasado siglo: La Época de las Catedrales, publicado en Cátedra Grandes Temas. Es una pasada. Duby, como LeGoff, es un autor magnífico para descubrir la edad media y todas sus muy sutiles complejidades (recomiendo también otra obra suya: La Europa del año Mil). Si sus obras se acompañan (Paula es valiosísima fuente para ello) de estudios como los de Bango acerca del románico o con álbumes como Arquitectura de la Edad Media (Editorial Feierabend), entonces la lectura se vuelve delicia. Añádase una ración diaria de Las Claves del Románico (L-V, 11:15h., en La2), con el maestro Peridis y ya está todo hecho.

Me dejo cosas en el tintero, pero por hoy ya he dicho más que suficiente.

 

Otro día, más cositas.