A Horse with no Name
Marzo 24, 2008He leído varios libros últimamente. Quiero decir que he terminado varios de los libros que tenía empezados. Algunos eran relecturas (es el caso del Juan de Mairena de Machado, al que le dedicaré un ECQ en breve, y cuya lectura ha sido, si no recuerdo mal, la tercera completa que hago); otros han sido, en parte continuaciones: es el caso del segundo volumen de la trilogía His Dark Materials de Philip Pullman, titulado The Subtle Knife. Otros, por último, han sido lecturas sobrevenidas de manera imprevista, como en el caso de En el Estanque, de Ha Jin, y The Road de Cormac McCarthy.
Ya he dicho que de Machado me ocuparé otro día, puesto que es un tema demasiado complejo como para abordarlo así, después de comer y de carrerilla.
Acerca de The Subtle Knife hay un par de cosillas que quisiera decir. Primero: NO es el libro que yo esperaba. En absoluto. Pullman ha conseguido hacer pasar por literatura fantástica y juvenil fácilmente bestsellerable una obra compleja y sutil, escrita con gran inteligencia. Si el tercer volumen no me defrauda, esta trilogía será parte fundamental de la bibliografía que recomiende a todos los chavales de doce o trece años en adelante que tengan la desgracia de tenerme como profesor. No quisiera desvelar nada relevante del argumento a quien no conozca la historia que se narra en His Dark Materials (que, como ya dije, se ha vertido en castellano, por cuestiones comerciales, con títulos que difieren notablemente del original: aquí se titula La Materia Oscura y su primer volumen, que debiera haberse titulado Las Luces del Norte, se ha traducido como La Brújula Dorada), pero es una historia de esas que requieren una buena dosis de autoconfianza por parte del autor en sus capacidades. No diré más, de momento, porque me queda aún un volumen. Cuando lo lea podré emitir un juicio más completo: de momento sólo diré que, para mi sorpresa, me está gustando mucho.
Por consejo de Paula leí, de una sentada, En el Estanque, de Ha Jin. Se trata de una novela divertida y bien resuelta que hace gala de una virtud siempre reseñable en un escritor: es implacable con sus personajes y domina el uso de la ironía. Al cerrar el libro tras haber leído la última página uno ve claramente cómo el autor ha sabido construir un protagonista que, de manera convincente y justificada, ha conseguido engañarse durante toda la historia y, quizás, ha conseguido engañar a ratos al lector. De manera excepcional, a veces puede incluso pensarse que ha sabido engañar al propio narrador. Pero todos sus engaños se revelan y se condensan en el acertado título. Una buena novela.
Hace poco, cuando estaba en mitad de la lectura de The Road, de McCarthy, me pudo el afán de compartir y lo recomendé a todo aquel que quisiera escucharme. Al volver de vacaciones me he encontrado con que Albiol, para mi sorpresa (bueno, seamos justos… Albiol a veces me hace caso con rapidez, aunque ignore mi consejo habitualmente, casi siempre por falta de tiempo u olvido), para mi sorpresa –decía- lo ha leído e, incluso, le ha dedicado una reseña en su blog.
Después de haberlo terminado hay un par de cosas que quisiera matizar en lo que él ha dicho. La primera es que, personalmente, le he prestado menos atención al contenido… teológico, por llamarlo de alguna manera, que él. Yo no lo he considerado tan específicamente presente. Y, si bien es cierto que las analogías son pertinentes, no creo que resulten tan entorpecedoras, ni creo que McCarthy haya pretendido abordar el tema de manera especialmente profunda.
Por otra parte, es cierto que el final resulta demasiado… esperanzador. Yo recomendé el libro sin haberlo terminado y, aunque eso no me hubiese impedido hacerlo, es verdad que lo hubiese hecho con alguna reserva. Albiol y yo ya discutimos una vez acerca de los finales esperanzadores en este tipo de historias (precisamente a propósito de la película Hijos de los Hombres, que él cita en su reseña)… Es cierto que no resulta del todo convincente, ni satisfactorio, pero quizás es el precio a pagar por la desolación del resto de la obra. Yo jamás la hubiese acabado como McCarthy lo hace, pero entiendo que es cuestión de afinidad ideológica y no de mérito literario.
Pero si hay algo con lo que no estoy de acuerdo esta vez con Albiol (y no suele esto suceder a menudo!) es con su reiterada definición de The Road como obrita. Sé que Albiol habrá manejado la traducción castellana y desconozco su calidad, pero si algo puede decirse de The Road es que está escrita en una prosa totalmente sublime; McCarthy, por poner una comparación que tú mismo, camarada Albiol, haces en tu reseña, es mil veces mejor prosista que el mejor Auster. Su inglés es afilado hasta cortar, pulcro, brillante y de una elegancia como no he visto en mucho, mucho tiempo. Quizás por eso no hemos apreciado esta vez la obra de la misma manera: yo sólo puedo decir que he visto pocos autores que escriban tan bien y tan elegantemente como lo hace McCarthy en The Road, quizás por eso no me he centrado tanto en los otros aspectos del libro. Me he dejado maravillar por la letra y el espíritu ha ido entrando solito.
Por lo demás, hagan caso –igual que hago yo mismo- a Albiol en todo lo que diga: es un hombre sabio cuyo juicio suele ser infalible excepto cuando se pronuncia sobre música contemporánea, asunto éste en que patina miserablemente.
Tras esta merecida laudatio al camarada Albiol, me despido.
El próximo día, más cositas.