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Another uninnocent, elegant fall into the unmagnificent lives of adults

Diciembre 26, 2007

Llevo varios días escuchando sólo una canción. Es la mejor canción que he escuchado este año y, para mi sorpresa, no está en el último trabajo de Radiohead, sino que es el segundo corte de Boxer, el último disco de The National: Mistaken for Strangers es su título y realmente no voy a ser capaz de describirla haciéndole la más mínima justicia (el título del post es un verso de su asombrosa letra…). Recuerdo a Pardo diciendo que no hay una manera mejor de expresar lo que sea que una obra de arte expresa que la obra misma. La obra es insustituible. Éste es el mismo caso: yo no voy a ser capaz siquiera de comenzar a haceros ver lo absolutamente maravillosa y sublime que es esta canción. Lo único que puede hacerse con una canción así es callarse para escucharla. Y eso os recomiendo. Gallifante de Platino a la mejor canción del año sin niguna duda.

Hablando de Pardo, hace ya unos días que terminé de leer Esto no es Música. Es, como se veía venir, un libro magnífico. Para quien ha asistido a sus cursos resulta diáfano, meridianamente claro y refulgente. Ciertos capítulos o secciones recuerdo haberlas escuchado en las aulas (por ejemplo, el capítulo 11 es un excelente resumen de su curso para la asignatura Nihilismo y Metafísica) y es muy grato ver cómo ha sabido enriquecer aún más todo el entramado de referencias que una y otra vez hacía de viva voz. Se puede decir que, mientras La Regla del Juego era una suerte de ampliación magnificada de lo esencial del curso de El Nacimiento de la Filosofía, esta última obra es, al mismo tiempo una relectura de los contenidos de la ya citada Nihilismo y Metafísica, junto con El Problema del Tiempo (aunque ya había bastante de esto también en La Regla del Juego) y el seminario sobre El Anti-Edipo que presentaba en la asignatura Corrientes Actuales de la Filosofía I. El libro es un genial tour de force que sabe equilibrar perfectamente todos sus elementos. Cuando se lee a Pardo uno tiene la sensación de que guarda más de una novela a medias en el cajón de la mesa; no hay más que ver la excelencia con la que narra la vida de Luigi Lucheni (el asesino de Sissi, la emperatriz) o el brillante comienzo de La Regla del Juego. Esto no es Música (y recuerdo que el subtítulo reza: Una introducción al malestar en la cultura de masas) es un libro paladeable en todos los sentidos aunque, avisados quedáis todos, su regusto es amargo. Muy amargo. Pardo no ha venido a dar consuelo.

Por cierto, no puedo dejar de decirlo: si hay algo con lo que uno puede quedarse, por encima de todo, al leer este libro, es con la magnífica explicación de una cuestión que habitualmente se malentiende. Es lo que yo consideraría el nudo central del problema de la metafísica. Su relación con Kant es profunda, pero sobre eso hablaré otro día. Lo expresaré de manera muy simplista por dos motivos:

a) No voy a escribir ahora un artículo de quince páginas sobre el tema, para empezar porque no son horas; y

b) Pardo (y Deleuze) lo explican mejor que yo.

Pero vendría a ser como sigue: ¿Cómo se invierte a Hegel? Desde luego, no se le puede invertir como Marx quiso hacerlo (la referencia aquí a Liria es obligada), porque uno se encuentra con que, al final, se tiene al mismo Hegel, pero bocabajo. Hay que hacerlo como lo hizo Nietzsche: no se trata de poner arriba lo que estaba abajo, y viceversa; se trata de poner a la derecha lo que estaba en la izquierda, de poner al principio lo que estaba al final, pero tampoco como quien comienza un libro leyendo la última página, sino como quien trata de leerlo mirando las palabras en un espejo. Coged la Fenomenología del Espíritu, la Ciencia de la Lógica, la Enciclopedia de las Ciencias Filosófícas y mirad el índice de cada obra. Y comenzad a leer por el final, en voz alta, lo que os encontréis en el espejo.

Ya veréis qué susto.

 

Otros libros y pelis que han caído últimamente:

Terminé A Spot of Bother, de Mark Haddon. Qué novela tan bien hecha, la verdad. Así da gusto leer ficción. Tan recomendable como su primer libro.

Leí también Firmin, de Sam Savage (Seix Barral). No está mal, pero es demasiado sensiblero y no me gusta cuando me chantajean emocionalmente. O cuando lo hacen y me doy cuenta. Pasable, con algunos momentos buenos y otros entretenidos, pero no merece la pena (literalmente).

Pude ver el otro día, en la inmejorable compañía de Paula, la excelente The History Boys, dirigida por Nicholas Hytner, con guión de Alan Bennett sobre su obra de teatro de igual título (e interpretada por el mismo reparto, según tengo entendido). Una buena película con excelentes interpretaciones, sustentada por diálogos brillantes. Una de esas películas en las que sabes perfectamente qué va a pasar, pero no importa lo más mínimo, sólo quieres quedarte a ver cómo.

También pude comprobar cómo hay directores que nunca defraudan, incluso cuando no sabes muy bien si fiarte de ellos. Es el caso de Clint Eastwood. Estoy casi completamente convencido de que Cartas desde Iwo-Jima me va a gustar, y mucho. Pero no lo tenía tan claro con Banderas de nuestros Padres. Bueno, pues todos mis temores eran infundados: es una gran película en todos los sentidos; no es la mejor película de Eastwood, pero está muy muy bien.

Del mismo modo, Tarantino nunca defrauda y Death Proof me ha gustado tanto como (no, corrijo: más aún que) cuando la ví por primera vez en el cine. Será debilidad personal, no lo sé… Me gusta todo lo que Tarantino ha dirigido, no puedo evitarlo.

Por último, hoy mismo he empezado La Educación Sentimental, de Flaubert. Si resulta la mitad de buena que Bouvard y Pecuchet o, claro está, Madame Bovary, me esperan buenos días de lectura.

 

Ya veremos qué pasa.

Hasta otra.

123 Memory Lane

Octubre 24, 2007

    He decidido rescatar del difunto blog que hace tiempo tuve en blogspot algunos posts que iré incluyendo de vez en cuando. Éste es el primero (en homenaje a quien preside ECQ con su efigie)… no recuerdo su título original, así que ha sido rebautizado. Y dice así:

 

“Estaba releyendo el segundo tomo de las completas de Machado. No tanto por gusto como por necesidad de encontrar algo que sé que leí en él, pero que no recuerdo dónde está. Soy muy susceptible a la obsesión si tiene que ver con la memoria. No sería la primera vez que me levanto a las cuatro de la mañana para buscar un disco que, de pronto, no recuerdo si tengo en casa. Como cuando rebusqué entre las completas de Borges durante semanas para encontrar un párrafo que había leído hacía ya años, pero que no lograba encontrar.

 

Al final, lo encontré.

Esta vez, creo que también lo he encontrado. Digo que creo, porque lo recordaba ligeramente distinto… algo más explícito. Sin embargo, Machado es de los que escriben una y otra vez lo mismo de diferente manera (bueno, como todos en realidad, no?), así que puede que sea una versión diferente de lo mismo.

Si lo buscaba, no era en esta ocasión por mero ejercicio de mi propensión a las ideas fijas, sino más bien porque me pareció entonces que Machado se equivocaba de parte a parte en lo que decía. Hoy he recordado lo que pensé entonces, y he decidido leerlo otra vez, pensarlo de nuevo. Y sigo pensando que se equivocó. Dice, a propósito de la metafísica que todo poeta, o creador en general, debe construirse (cito sólo un fragmento, páginas 92r y 92v del manuscrito de Los Complementarios):

El pensar metafísico especulativo es por su naturaleza antinómico; pero la acción, y la poesía lo es, obliga a elegir provisoriamente uno de los términos de la antinomia. (…) En sana filosofía no hay derecho a postular ni la homogeneidad ni la heterogeneidad del ser, sino que se impone el reconocimiento de la antinomia kantiana. Pero el poeta (…) no puede ver, en lo que lógicamente es pura antinomia, solamente el juego de razones por necesidad contradictorias, al funcionar en un vacío de intuiciones, sino que descubre en sí mismo la fe cordial, la honda creencia, la cua lno es nunca una balanza en el fiel, en cuyos platillos se equiponderan tesis y antítesis, sino vencida al mayor peso de uno de sus lados. Comprende que, por debajo de la antinomia lógica, el corazón ha tomado partido.

Machado suele hacer buenas lecturas de los varios filósofos que cita profusamente a través de su obra: Bergson, Kant, Schopenhauer, Leibniz… en menor medida Nietzsche y Platón. Es casi siempre muy elogioso con todos, por lo que si considero que, a veces, se pronuncia poco acertadamente acerca de alguno de ellos, tiendo a desechar la idea de que lo haga por maledicencia. Pienso más bien que se trata de deslices hermenéuticos, y en este caso, me parece un error de bulto. Tanto es así que me sorprende que el propio Machado no fuese capaz de corregirse. Trataré de explicarme.

Machado ha entendido a Kant sólo a medias, y lo que ha entendido lo incorpora a sus propias ideas. De manera habitual, y sobre todo porque mira a Kant con las gafas de Bergson, lo hace cabal y consecuentemente, deformando sólo puntualmente su pensamiento. Por el contrario, en este texto, sólo utiliza a Kant, no lo comprende. Esto, he de reconocerlo, me molesta, así que he decidido volver una vez más, con mis vaguedades, mi incapacidad para escribir, mis exageraciones desmesuradas y mi falta de conocimientos, a escribir un post. Vamos a ver…

Una conclusión muy conocida de la Crítica de la Razón Pura (de ahora en adelante referida como KRV) es que, efectivamente, la razón humana, procediendo legítimamente, produce antinomias. Esto es tanto como decir que, sin equivocarse razonando, pasando razonada y necesariamente de unas premisas a una conclusión correcta, la razón humana es capaz de demostrar rigurosamente una cosa, pero también su contraria. Por ejemplo, puede demostrarse por el sólo uso de la razón (tesis) que el mundo (entendido como la totalidad de las cosas) tenga límites (temporales, espaciales…), pero también (antítesis) que el mundo sea infinito, que carezca de límites. Del mismo modo, puede demostrarse que (tesis) tanto los fenómenos naturales como los actos humanos estén igualmente determinados, y que no haya libertad en el universo; pero también puede demostrarse que, (antítesis) de hecho, la libertad humana exista necesariamente. Así que puede decirse que la razón es capaz de afirmar, de una misma cosa, propiedades contradictorias, al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Esta idea supuso una fuente inagotable de movimiento al idealismo alemán, desde Fichte a Hölderlin, y le inspiró a Hegel el grueso de su obra. En el caso de éste último, la trayectoria está clara: Hegel siempre le reprochó a Kant que hiciese del entendimiento la facultad del auténtico conocimiento. Según Hegel, la razón es quien conoce realmente. Y si resulta que la razón produce antinomias, es decir, contradicciones, será porque la contradicción, el error, es una fuente de conocimiento. Así, el error es sólo un momento, pero un momento necesario, de la verdad: la verdad, primero, es plena (en-sí; tesis; ser); luego se ve a sí misma como su contraria, el error, el vacío (para-sí; antítesis; nada); finalmente se reasume a sí misma como un todo omnicomprensivo (en-sí/para-sí; síntesis; devenir). Pero no quiero tratar de Hegel hoy… Es demasiado inteligente para mí y siempre se sale con la suya. Sólo quería señalar que Machado está hablando de algo serio, con enormes repercusiones (no sólo es Hegel el padre del Estado contemporáneo, sino que este mismo movimiento dialéctico ser/nada/devenir-tesis/antítesis/síntesis será retomado por Marx, el padre de la economía conteporánea, y también el idealismo, por otro lado, es el germen del romanticismo, incitador del irracionalismo, precursor a su vez de la filosofía de la sospecha –Nietzsche, Freud, Frege…– irrigadora del pensamiento del siglo XX, desde el existencialismo y la fenomenología, hasta la filosofía postmoderna); se ha metido Machado, decía, en un jardín espeso y delicado.

Viene a decir don Antonio que los filósofos, que se dedican al pensamiento y la verdad, están condenados a admitir que, en metafísica, la razón sólo funciona a base de contradecirse y que, por tanto, siendo los razonamientos a favor y en contra equipotentes, los pensadores han de tomar la opción del Wittgenstein de la época del Tractatus: de lo que no se puede hablar, es mejor callar. No es que hayan de guardar, pues, un silencio aséptico y neutral… es que, de hecho, por lo que parece colegirse de sus palabras, es exactamente eso lo que hacen, empezando por el mismo Kant. Es aquí donde Machado se equivoca, tanto que parece que (como también a veces Hegel da que pensar) sólo ha leído de la KRV las páginas que necesitaba para escribir su propia obra.

Porque, si hubiese leído… apenas una página más, habría visto a Kant, o mejor, a la RAZÓN PURA misma escoger uno de los dos lados de la antinomia, una de las dos opciones por encima de la otra. El título mismo de la sección lo anuncia: El interés de la razón en el conflicto que sostiene (se entiende que se trata del conflicto entre un lado y otro de las antinomias, entre las diferentes tesis –argumentos de corte racionalista– y las antítesis–argumentos que podrían decirse típicamente escépticos–). Allí dice Kant:

La razón humana es arquitectónica por naturaleza, es decir, considera todos los conocimientos como pertenecientes a un posible sistema (…). La antítesis no admite jamá sni un primero absoluto ni un comienzo que pueda servir de fundamento absoluto del edificio. Desde tales supuestos no queda, pues, posibilidad alguna de completar el sistema del conocimiento. Por consiguiente, el interés arquitectónico de la razón (…) conlleva una natural recomendación a favor de las afirmaciones de la tesis.

Pero, en justicia, no debemos pasar por alto que este interés que la razón pura misma, ciertamente, tiene en inclinar la balanza del lado de las tesis, apenas consigue ocultar el interés, mucho más vivo, que Kant guardaba por defender ciertas afirmaciones específicas de alguna de las tesis.

La KRV es, seguramente junto a la Ética a Nicómaco de Aristóteles y a La Genealogía de la Moral de Nietzsche, el mayor monumento literario hecho jamás a la libertad humana. Mayor que la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Mayor que cualquier constitución de cualquier estado. Quizás sólo comparable al Himno a la Alegría o al Prometeo de Goethe. Kant, bien es cierto, tenía una muy peculiar idea de lo que la libertad pudiera ser. Con todo y con eso, dedicó todos sus esfuerzos a salvaguardar las condiciones de su posibilidad. En más de una ocasión dijo que fue la necesidad de solventar las antinomias, de poder optar justificadamente por tesis o antítesis, lo que le llevó a escribir sus tres críticas (razón pura, razón práctica y juicio). Muy particularmente, le preocupaba unaa de las antinomias por encima de las demás: la tercera antinomia (más correctamente: el tercer conflicto de las ideas trascendentales). En ella se disputa la cuestión acerca de la libertad: ¿existe la posibilidad de elegir libremente, o todo está ya determinado en el mundo? Todo el esfuerzo teórico de Kant está orientado a resolver este problema asegurando que la libertad humana quede intacta. Todos los dispositivos teóricos de la KRV están enfocados así. Kant revolucionó la filosofía, la metafísica, la teoría del conocimiento, incluso fundó una ciencia nueva, todo ello como resultado de su intento de mantener a flote la libertad humana.

Así que la decisión estaba ya tomada de antemano, señor Machado. La balanza venía ya inclinada desde antes de poner los pesos. Nadie, y nadie menos que un filósofo, y menos aún que Kant, puede permanecer indiferente ante esas preguntas. Puede que decida no planteárselas, pero con ellas delante no podrá abstenerse de tomar partido.

Kant sabía perfectamente en qué lado ponerse. No le hicieron falta las obviedades filosóficas de Machado acerca de los poetas para darse cuenta. No hace falta ser poeta para hacerse una metafísica.

Sólo hace falta ser hombre.”

 

    Con el tiempo, seguramente, recuperaré al menos otro par de textos que publiqué allí (uno sobre la estructura de la KRV y alguna otra cosilla), y prometo formalmente redactar la lista de libros recomendados que Mario me encargó hace ya mucho, aunque lo haré más bien por entregas.

    Para la próxima, algo nuevo; hoy… estamos de pruebas.