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Toma una magdalena…

Diciembre 4, 2007

No diré de Javier Marías que sea el peor escritor en castellano con el que haya tenído que vérmelas, principalmente porque reconozco que no dispongo de una muestra de conjunto suficientemente amplia; no suelo leer literatura castellana, y menos aún literatura castellana contemporánea. De hecho, estoy plenamente convencido de que hay escritores peores que él: no me cabe duda de que cabestros como Juan Manuel de Prada (junto con toda su cohorte de fachuzos tristones) o moñas del corte de Arturo Pérez Reverte son, al menos, tan malos como Marías (eso sin entrar a hablar de Lucía Etxebarría et al.). Pero sí diré que es autor de la que -sin lugar a duda alguna- puedo decir que es la peor novela que he leído de principio a fin: Todas las Almas.

Me crucé con la narrativa de Marías, como supongo que les pasó a otros muchos, porque sus artículos semanales en El País, sin ser magistrales resultan entretenidos la mayoría de las veces. Sí, casi siempre algo pedantes y con tendencia a denotar que el autor está encantado de conocerse, pero habitualmente entretenidos. Así que mi madre me regaló un buen día Harán de mí un criminal (recopilación de artículos) y yo mismo me hice con un tomito dedicado a breves reseñas biobibliográficas de diversos escritores, bajo el no muy original título de Vidas Escritas. Ya que estaba, compré también una novela de Marías, por aquello de comprobar si también se defendía como narrador. La novela era Corazón tan blanco y me aburrió de tal modo que la dejé de lado enseguida. Aquello -pensé- era un coñazo inaguantable y nada justifica machacar de tal modo al lector. No le concedí mayor importancia y decidí, simplemente, olvidar que Marías se dedicaba también a la novela. Seguí leyendo sus artículos semanales regularmente.

El curso pasado, sin embargo, tuve la fortuna de asistir a un seminario de master dirigido por el profesor Jose Ignacio Díez Fernández, bajo el rótulo Del Texto a la Pantalla. Allí se analizaron textos castellanos de los que se hubiese hecho adaptación cinematográfica; Soldados de Salamina, de Javier Cercas fue el primero pero leímos, entre otros, la Vida de Teresa de Jesús o el omnipresente Quijote. Y también se analizó Todas las almas, de Marías (en el que se inspiró la también nauseabunda película, dirigida por Gracia Querejeta, El último viaje de Robert Rylands). De modo que, académicamente obligado a leer la novela de Marías entera, no tuve en esta ocasión la gozosa posibilidad de abandonar el tedioso relato de las insulsas -previsibles y faltas de todo interés- vivencias de un pintamonas, pretencioso, machista e imbécil profesor de español en Oxford. Así que me armé de regla y lápiz y me leí aquel despropósito, tratando de tomarlo como objeto de estudio y no de tortura intelectual.

No fue fácil. En condiciones normales no habría leído nunca más allá de las veinte o treinta páginas de semejante espanto. Valoro mucho el tiempo que dedico a leer porque sé que no tengo tiempo de leer todo lo que debería, todo lo que merece la pena ser leído: no se puede ir malgastando córnea con basura. Pero me sobrepuse y lo tomé como un reto personal (en gran medida porque sabía que mi fiel Albiol estaba ahí, en la trinchera literaria, sufriéndolo conmigo, aguantando aquel Stalingrado de aburrimiento e indignación; hicimos de la necesidad virtud y muchas risas y bromas nacieron de las torpezas y zafiedades de Todas las almas). Llegó el día en que pudimos destripar y despacharnos a gusto exponiendo en clase nuestras críticas a este libro que ni es novela ni es, en realidad, nada. Y fuimos relativamente felices al descubrir que no estábamos solos.

No pienso tomarme la molestia de volver a revisitar los apuntes y las notas que tomé durante la exasperante lectura de Todas las almas para publicarlos aquí y justificar mis juicios sobre la obra. Sería demasiado. En cambio, voy a tomarme la libertad de referir a quien pudiera estar interesado en una lectura crítica pero ecuánime de las obras de Marías a los abanderados de la crítica acompasada (método crrítico casi definitivo): los amigos de la fiera literaria. Aquí y aquí podréis encontrar excelentes ejercicios de crítica literaria de la obra de Marías, aunque recomiendo todos y cada uno de los artículos publicados en la página. La ventaja de su método crítico es que se basa, de un modo bastante wittgensteiniano, en mostrar las torpezas -expresivas, semánticas, estilísticas o intelectuales- de ciertos autores a quienes la crítica mainstream no hace más que encumbrar. No hay que estar de acuerdo con la fiera, sólo hay que abrir el libro por la página que indican, coger un lápiz, un diccionario, una gramática del castellano y asombrarse ante la ínfima calidad literaria e intelectual de multitud de obras que la crítica literaria generalista alaba sin cesar, obedeciendo sin duda a sus propios intereses comerciales.

Escribo todo esto porque estaba viendo CNN+ y me he encontrado con que Javier Marías fue entrevistado ayer en el programa Cara a Cara, con motivo de la publicación de su último coñazo libro, tercera y última parte de Tu rostro mañana. Si alguien tiene interés en adentrarse en el mundo literario de Javier Marías a raíz de haber visto esa entrevista, o por la enorme acumulación de premios que le avalan, o por la excelente acogida que los críticos siempre le dispensan, tómese el tiempo de visitar primero las páginas indicadas más arriba y decida luego. Sólo diré eso, pues quien avisa no es traidor.

Si alguien tiene interés, por el contrario, en leer una novela castellana contemporánea realmente buena, no puedo dejar de recomendar La Escala de los Mapas, de Belén Gopegui. Un libro maravillosamente bien escrito, profundo, hermoso e innovador. No se encuentran cosas mucho mejores que decir de una novela: un auténtico regalo para el paladar literario. Un debut inmejorable.

Otro día, más cositas y menos bilis.