Ya llueve menos

Febrero 19, 2008 por cohaagen

Hace no mucho comenté (eso creo recordar…) por estos lares que había empezado a leer Las Tribulaciones del Estudiante Torless, de Robert Musil. Leí las primeras cuarenta o cincuenta páginas de un tirón y no me gustó demasiado. No entendía qué interés tenía la obra. Lo dejé aparcado durante un tiempo. Durante un par de días conseguí abrirme camino hasta la página ochenta, más o menos: el tedio resultaba insoportable. Aquello era un ejercicio de aburrimiento y de desorientación. Ni un sólo párrafo interesante, ni un personaje que mereciese la pena. Las tribulaciones eran obviables y Törless insignificante.

Y hoy, de pronto… poco antes de alcanzar el primer centenar de páginas, cuando todo estaba ya dado por perdido, la novela ha despegado y me ha dejado boquiabierto: no he podido parar hasta terminarla. ¡Menudo ejercicio de construcción y de evolución de un personaje! Cuán maravillosamente narrado está todo, con qué exquisitez de lenguaje y ritmo, aun en la traducción castellana. Un libro fantástico, demoledor, intenso, profundo, tenebroso, iluminador… He tenido esa sensación que uno no puede evitar tener cuando lee a un escritor con mayúsculas, a un maestro de la literatura. Me parece inconcebible que de la misma pluma que firmó el primer centenar de folios hayan salido estas segundas cien páginas (es una novela realmente corta -206 páginas en la edición de Seix Barral-). Pero, en cualquier caso, nada importa: podrían haber sido cuatrocientas páginas abominables, aún así hubiese merecido la pena tragar carros y carretas para poder disfrutar del despliegue de maestría de Musil.

Esta novela ha pasado a formar parte, de inmediato, de mi lista de clásicos (será un Top… no sabría; un Top10 es demasiado poco -no puedo elegir sólo diez libros-… diremos un Top50). Ahora ya sí que no puedo resistir la idea de hacerme con El Hombre sin Atributos: si es mejor que Las Tribulaciones voy a ser un lector muy feliz dentro de muy poco.

 

Qué demonios… Musil es tan bueno que, en vez de quitarme las ganas de escribir, me las ha devuelto!

 

Otro gran autor a la lista.

Qué maravilloso es seguir descubriendo libros buenos, libros necesarios, libros que hacen saber que no todo está perdido.

Hate to say I Told You so…

Febrero 18, 2008 por cohaagen

Atender a diversos requerimientos administrativos me ha tenido alejado de ECQ durante más tiempo del que hubiese querido. Pero como todo tiene algún lado bueno, he terminado acumulando algo de material sobre el que escribir y, tratando de disipar el sueño propio de la sobremesa invernal, héme aquí de nuevo.

Queda lejos ya, pero no quisiera dejar pasar la oportunidad de su reestreno en salas de exhibición para volver a recomendar La Soledad, y no porque ganase tres Goyas (merecidos, pero completamente innecesarios) sino porque es una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo. Pero sobre ella ya hablé aquí mismo, así que no voy a repetirme.

Fui a ver, en compañía de Paula, varias de las películas que están nominadas a mejor ídem en la próxima gala de los Oscar, con resultados desiguales:

Expiación no es una mala película, pero es una película completamente innecesaria. Desde luego, contiene una secuencia magistralmente rodada y una excelente banda sonora, pero eso es todo lo que hay. Tanto el film, como la novela homónima en la que se inspira, comparten defectos: historia irrelevante, torpeza en la ejecución (en cuanto a estructura narrativa) y personajes obviables (a excepción del personaje de la madre; muy bien construido en la novela, pero desechado casi totalmente en la película). No merece la pena, en cualquier caso.

Juno, por su parte fue una experiencia muy agradable. Una película excelente, bien escrita, mejor dirigida e interpretada aún mejor. Ellen Page, cuyo sobresaliente trabajo en Hard Candy no elogié de manera suficiente aquí mismo, está merecidamente nominada a mejor actriz por su papel. Es cierto que el film no deja de recordar en su espíritu a Little Miss Sunshine pero eso, en mi opinión, jamás podrá ser considerado una falta. Mención aparte requiere la EXCELENTE selección de temas que conforman la Banda Sonora de la película: será, en mi opinión, la mejor -de lejos- este 2008. Es absolutamente gloriosa, captando brillantemente el tono de la película y ofreciendo cientos de horas de escucha agradecida. Un auténtico triunfo.

No Country for Old Men es una película que aquí en España está lastrada por su propia calidad, y me explicaré enseguida: Bardem y su espléndido… no, perdón, repito: Bardem y su ESPLÉNDIDO ESPLÉNDIDO trabajo van a hacer que seguramente la película funcione muy bien en taquilla (mejor que cualquier otro trabajo de los Cohen hasta la fecha). Esto, sin embargo, supone un problema: el doblaje. Casi todo el mundo irá a ver esta película en versión doblada y, con ello se perderá gran parte de lo que la hace magnífica. No se perderán el excelente montaje, ni el ritmo hipnótico, ni la bellísima fotografía, ni la cuidadísima producción de sonido… Pero sí se perderán los diálogos perfectos y es trabajo realmente sobresaliente de todos y cada uno de los actores y actrices que entregan siquiera una sola línea de esos diálogos durante el film. Es el mejor trabajo conjunto de reparto que he visto en mucho tiempo, una auténtica maravilla. Una lección de cine por parte de los Cohen, pero también por parte de Tommy Lee-Jones, Josh Brolin, Bardem y todos los demás. Si hay una película que merece todos los premios que pueda llevarse este año, estoy seguro de que es ésta. No os la perdáis por nada del mundo, pero vedla en versión original, por lo que más queráis…

La curiosidad me llevó a ver otras películas mucho menos recomendables… Cloverfield, por ejemplo (espantosamente traducida al castellano como Mostruoso). No es tan mala como muchos dicen, pero desde luego no es ni lo que yo esperaba ni tan buena como aseguran algunos. Es una película que podría haber sido realmente buena y se queda en una medianía aburrida e insulsa. Además, habiendo visto tan recientemente esa obra mestra del cine que es The Host (pónganse todos en pie, por favor…), ¿quién va a acordarse de Cloverfield dento de tres meses?

Infinitamente peor, y una de las peores películas que he visto últimamente, ha resultado ser La Brújula Dorada, asesinato cruel y premeditado adaptación de la muy recomendable novela de Philip Pullmann The Northern Lights, primera parte de la trilogía His Dark Materials (que, por fortuna llegué a leer antes de ver la película: de haber visto antes semejante bodrio jamás habría leído el libro, y hubiese sido una pena). Me asombra cómo puede llegar a destrozarse de ese modo una historia que podría haberse contado perfectamente en soporte cinematográfico. Quiero decir, entiendo que la próxima Watchmen seguramente será espantosamente mala (como ya lo fue V for Vendetta), porque no son obras que soporten bien el ser narradas cinematográficamente, como a nadie en su sano juicio se le ocurriría hacer una adaptación cinematográfica de Rayuela. Pero The Northern Lights sí que podía contarse en una película… en unas dos horas y media hay tiempo de sobra SI el guionista es competente. Pero eso, por lo que se ve, era demasiado pedir. Un auténtico horror. No se acercquen a ella y lean, en cambio, la novela (no respondo de la trilogía completa, pero sí del primer volumen: una lectura entretenida que no insultará la inteligencia del lector… Le tratará como si fuese un niño, pero en el mejor de los sentidos).

Y, para acabar, dos cositas: primero, una buena canción (Punkrocker, de The Teddybears -demostrando que cuatro acordes y un Iggy Pop valen más que la carrera completa de Blink182 y demás mierdas por el estilo-); en segundo lugar, la triste confirmación de que más vale estudiar teología que periodismo: de nuevo CNN+, de nuevo El Debate, de nuevo un teólogo, esta vez enfrentado a un periodista a sueldo de La Razón (ese diario que personifica el oxímoron y la contradictio in adjecto). De nuevo acabé con un cabreo monumental por tener que darle la razón a un teólogo. Qué cosas…

 

Como dijo Nietzsche, quien durante largo tiempo ha cargado con cadenas tiene un fino oído para detectarlas.

Yo estudié en colegio de curas.

Debe ser eso.

Otro día, más cositas.

Was ist Aufklärung?

Enero 28, 2008 por cohaagen

A veces uno se encuentra con situaciones en las que sólo puede dejarse llevar por el asombro. No ese asombro del que Aristóteles decía que era el origen de la filosofía, sino más bien una mezcla entre anodadamiento y perplejidad, a partes casi iguales. Quizás porque me he malacostumbrado a tratar con gente coherente y racional que tiende a expresar sus pensamientos con cierto orden y claridad; quizás porque, de nuevo, puedo decir que estoy dialécticamente malcriado: suelo leer a filósofos, científicos y pensadores mucho más inteligentes, elegantes y estrictos que yo, y eso me hace esperar cierto tipo de estructuras dialógicas, narrativas y argumentales por parte de mis interlocutores; quizás porque mi niñez sigue jugando en la arena…

Llámese como se quiera, el caso es que hoy a mediodía CNN+ emitía una redifusión del programa El Debate, dirigido por Jose Mª Calleja (no confundir con la insigne María José Callejo), en la que el tema sometido a discusión caía bajo el rótulo El papel de la Iglesia Católica en la sociedad española. Como es costumbre, dos invitados aportaban sus puntos de vista acerca del tema en cuestión: uno de ellos era sacerdote, teólogo de la asociación Juan XXIII; el otro, un joven (cuyo nombre recuerdo, pero prefiero no citar expresamente) militante de la agrupación católica Regnum Christi. El tono general del debate ha sido discreto, o muy discreto, incluso. Esto se debía en gran medida a la enorme diferencia en formación intelectual que separaba a ambos interlocutores. Mientras el teólogo argumentaba con coherencia y rigor intelectual, el súbdito del Reino de Cristo hacía poco más que tratar de convencer al espectador de que la Iglesia Católica se enfrenta a un momento de gran esplendor y renovación. Pero no es de esto de lo que quería hablar, me estoy desviando.

Comencé hablando del asombro y ahí quiero llegar: en dos momentos muy concretos este joven miembro de Regnum Christi tuvo a bien regalarnos a todos los que tuvimos la fortuna de presenciarlo los dos argumentos más imbéciles (uno por ridículo, el otro por estúpido) que recuerdo haber escuchado en una discusión en muchísimo tiempo; el primero me arrancó una carcajada, el segundo me levantó del asiento y casi me hizo romperme la mano contra la mesa (fui débil y me dejé llevar por la indignación -sí, aquello que Nietzsche decía que era el último refugio de los resentidos…-), en un acceso de furia. Como siempre es mejor reír que enojarse, empezaré con el ridículo, dejando el más puramente memo para el final.

El debate pronto se orientó hacia la definición del concepto (si es que se puede llamar concepto a semejante vaguedad) familia cristiana. Con gran acierto, el teólogo problematizó este punto, retando al combativo joven a que presentase un modelo ejemplar de lo que se supone que podía ser la familia cristiana tal como pueda mostrarla la biblia, a lo que éste respondió (agárrense, que vienen curvas): “hombre, claramente la sagrada familia”. Carcajadas entre el público, aplausos, ramos de rosas arrojados al escenario. Qué momento tan grande para el humor en la historia del periodismo. Por supuesto, la respuesta a semejante necedad no podía ser otra: si hay un modelo de familia absolutamente fuera de lo común es aquél en que el padre no es padre biológico, la madre es virgen y la progenie es nada menos que dios padre omnipotente, creador de cielo y tierra, hecho carne para la redención de los pecados.

No contento con haber retratado su completa estupidez ante quienes le escucharen con tal bobada (y también otras como que la familia de tipo padre-madre-hijos es la célula central de toda cultura, cuando la antropología demuestra que es casi excepcional en la historia de la humanidad), este joven activista católico pronto tuvo la oportunidad de confirmar su ineptitud mental, y no la desaprovechó: se hablaba del ordenamiento jurídico del estado, y de cómo los ciudadanos gozan de deberes y derechos con independencia de cualesquiera condiciones particulares. Así, las leyes deben establecerse sobre los criterios de la razón, en nombre de la igualdad y la justicia. Y a esta afirmación del teólogo contestó el joven, inverosímilmente: ¿y qué hacemos con el espíritu santo, no pinta nada en todo esto?

Y yo no podía creerlo. Me explico: toda mi vida escolar -de los cuatro a los dieciocho años- la pasé en un colegio de frailes y sacerdotes carmelitas. Sin duda, he escuchado todo tipo de sandeces a lo largo de esos muchos años, pero en el fondo todas se reducían al ejercicio libre e independiente de la libertad de credo: en lo privado, uno puede creer en lo que quiera; lo mismo da Naranjito, Mahoma, Jesucristo o Julito Iglesias, allá cada cual. Pero creo que hace ya mucho tiempo que había yo descartado como probable la posibilidad de que alguien plantease, en una discusión seria y racional, como si se tratase de un argumento digno de ser tenido en cuenta, algo tan estúpido como “¿y qué hacemos con el espíritu santo, no pinta nada en todo esto?”.

Porque la respuesta, de puramente obvia, resulta dolorosa: NO, NO PINTA NADA EN TODO ESTO. Ni pinta nada, ni puede pintarlo, ni puede tomarse en serio a nadie que pretenda que lo haga (tómese el siguiente contraejemplo: ¿quién me tomaría en serio si, al plantearse la redacción de una ley, yo dijese “¿y qué pasa con Papá Pitufo, es que no pinta nada en todo esto?”?).

¿En qué mundo vive esta gente? Un mundo sin Aristóteles, sin Copérnico, sin Planck, sin Darwin, sin Spinoza, sin Julio César, sin Maquiavelo, sin Kant, sin Poincaré, sin Hilbert, sin Fichte, sin Nietzsche, sin Voltaire, sin Rousseau, sin Marx, sin historia, sin Bach, sin Beethoven, sin Napoleón, sin Auschwitz, sin Homero, sin Hölderlin, sin ciencia, sin política, sin Ilustración, sin Renacimiento, sin Grecia, sin Roma, sin Venecia, sin Florencia, sin siglo XX… No puede ni decirse que vivan anclados en el pasado, porque ni siquiera tienen historia. Carecen de memoria porque no tienen nada que recordar y, aún así, reivindican su derecho a que sus opiniones sean tenidas en cuenta.

Parece que nadie les ha informado que sus opiniones valen, como tales, tanto como las de cualquier otro: absolutamente NADA. Valen tanto como las mías o las de uno que pase por la calle. Porque, en el espacio público de la ley y la libertad, la opinión no tiene cabida. La ley no entiende de opiniones, ni puede basarse en opiniones, convicciones ni emociones. La política basada en intimas convicciones es la que conduce a Guantánamos, Operaciones Cóndor, Apartheids, Gulags y Mathausens o Berger-Belsens de todo tipo. Las íntimas convicciones pavimentan el camino que condujo a la guerra de Irak, al genocidio armenio, al 11-S o a Sierra Leona.

Mientras no sepan distinguir la esfera pública de la privada, mientras no dejen de comportarse como seres humanos, allá donde deben ser “sólo” ciudadanos, su voz no merecerá ser tenida en cuenta.

Hasta que no aprendan geometría, absténganse de intentar entrar en la Academia.

Hasta que no ejerzan como ciudadanos, absténganse de intentar ser parte del estado de derecho.

Cuando era pequeño, siempre me decían que cuando fuese mayor, comería dos huevos.

Aplíquense el cuento.

Y ahora móntenme una manifestación a la puerta de mi casa.

Otro día, mas cositas y menos mala hostia -aunque no prometo nada-.

Die Welt ist alles, was der Fall ist.

Enero 22, 2008 por cohaagen

Recuerdo haber visto El Día de la Bestia con Norman (podéis leer su muy recomendable blog Homeless) en el desaparecido cine Aragón hace ya bastantes años. La calefacción en la sala era espantosa y me pasé toda la peli medio tiritando. Por supuesto, no me importó lo más mínimo. Me encantó aquella película y he visto casi todo lo que Alex de la Iglesia ha hecho desde entonces -incluso leí su novela, titulada Payasos en la Lavadora (aunque no era muy buena, la verdad), por mediación de Paula-. Y lo cierto es que mi admiración por el director vasco es ilimitada, aunque debo reconocer que no le admiro como director de cine, sino como persona. Esto no deja de ser preocupante, porque en realidad la de director es la única dimensión de su personalidad que conozco de manera directa: jamás he hablado con él, ni creo haberle visto en directo siquiera. Así que admiro de él algo que desconozco, y que, en gran medida, he construido sobre una base completamente imaginaria. Me inspira el deseo de que las cosas le vayan siempre bien y la buena imagen que de él tengo no se ha empañado aun a pesar de que ninguna película suya me ha gustado desde El Día de la Bestia (aunque su colaboración en Historias para no Dormir no estaba mal y siempre hay algo que se salva en sus trabajos).

Es por todo esto que me ha hecho feliz poder disfrutar sin reparos de su última película: Los Crímenes de Oxford. Es una película estupenda, entretenida, inteligente, clásica en el mejor sentido del término y nada pretenciosa, respetuosa con quien se ha dejado seis euros en la taquilla para verla y que sólo se ve ligeramente empañada por el trabajo un tanto pastoso de Leonor Watling. Ese papel era para otra actriz, preferiblemente no española. Todo lo demás es fantástico, eso sí. Gloriosas referencias a V for Vendetta (el cómic, claro, no esa mierda de película de hace un par de años), a Welles, a Hitchcock, homenaje a Wittgenstein (incluso alguno velado como el nombre del personaje de Mrs. Eagleton) incluido. Es verdad que algunas cosas son inexactas y que, por ejemplo, la objeción que el personaje interpretado por Elijah Wood le plantea al profesor Seldom (John Hurt) acerca del Tractatus no tiene ningún sentido si se ha leído la obra de Wittgenstein. Bueno, son cosas que pasan. No importa: ¿una peli protagonizada por un profesor de lógica, un estudiante de matemáticas y basada en detalles teóricos de la obra de Wittgenstein? ¿Y además divertida? Me apunto siempre.

No se puede decir lo mismo de la última película que he visto en el cine (en compañía, también, de Norman y Paula): 1408. Que no iba a ser muy buena se veía venir, es cierto, pero eso no importa demasiado si está protagonizada por John Cusack. Pero aquí de lo que se trata no es de si era mala, sino de lo inmensamente aburrida que resulta. Un auténtico coñazo infumable… Prohibido acercarse a menos de diez metros de cualquier rollo de este film, bajo riesgo de narcolepsia asesina. Un espanto, oigan.

 

Volviendo al mundo de las cosas que merecen la pena, es imperativo recomendar aquí tres libros absolutamente preciosos, inteligentes, divertidos, elegantes y que absolutamente cualquiera, con independencia de su edad y condición, puede y debe disfrutar con asombro. Su autor es Istvan Banyai (la influencia del maestro Moebius es fuerte en él…) y se titulan Zoom, Re-Zoom y El Otro Lado. Son libros de ilustraciones y prefiero no entrar en detalles acerca de su contenido, pues la primera vivencia de estos tomitos ha de estar lo menos mediada conceptualmente que se pueda. No puedo hacer menos que recomendarlos vivísimamente. Están publicados por FCE y, además, son económicamente muy asequibles. No los dejéis escapar: son el equivalente, en términos de alimento para hemisferios cerebrales derechos, del bacalao al pilpil. Regaláos una racioncita.

 

No digo más.

Qué post más pesado me ha quedado hoy, no?

Otro día, más y (esperemos) mejor.

Baltimore Traditional

Enero 14, 2008 por cohaagen

Descubro con gran placer que la realidad desmiente mi post de ayer: el canal TNT (Digital+) ha comenzado a emitir The Wire. La cita es los domingos a las 22h., aunque desconozco cuántas temporadas van a emitir, ni si ofrecen la posibilidad de ver la serie en VOS. En cualquier caso, una excelente noticia para la salud mental en esta tierra baldía para la cultura en televisión que es España.

 

Avisados quedan: menos Aída y más The Wire.

El cambio merece la pena.