Was ist Aufklärung?

Enero 28, 2008 by cohaagen

A veces uno se encuentra con situaciones en las que sólo puede dejarse llevar por el asombro. No ese asombro del que Aristóteles decía que era el origen de la filosofía, sino más bien una mezcla entre anodadamiento y perplejidad, a partes casi iguales. Quizás porque me he malacostumbrado a tratar con gente coherente y racional que tiende a expresar sus pensamientos con cierto orden y claridad; quizás porque, de nuevo, puedo decir que estoy dialécticamente malcriado: suelo leer a filósofos, científicos y pensadores mucho más inteligentes, elegantes y estrictos que yo, y eso me hace esperar cierto tipo de estructuras dialógicas, narrativas y argumentales por parte de mis interlocutores; quizás porque mi niñez sigue jugando en la arena…

Llámese como se quiera, el caso es que hoy a mediodía CNN+ emitía una redifusión del programa El Debate, dirigido por Jose Mª Calleja (no confundir con la insigne María José Callejo), en la que el tema sometido a discusión caía bajo el rótulo El papel de la Iglesia Católica en la sociedad española. Como es costumbre, dos invitados aportaban sus puntos de vista acerca del tema en cuestión: uno de ellos era sacerdote, teólogo de la asociación Juan XXIII; el otro, un joven (cuyo nombre recuerdo, pero prefiero no citar expresamente) militante de la agrupación católica Regnum Christi. El tono general del debate ha sido discreto, o muy discreto, incluso. Esto se debía en gran medida a la enorme diferencia en formación intelectual que separaba a ambos interlocutores. Mientras el teólogo argumentaba con coherencia y rigor intelectual, el súbdito del Reino de Cristo hacía poco más que tratar de convencer al espectador de que la Iglesia Católica se enfrenta a un momento de gran esplendor y renovación. Pero no es de esto de lo que quería hablar, me estoy desviando.

Comencé hablando del asombro y ahí quiero llegar: en dos momentos muy concretos este joven miembro de Regnum Christi tuvo a bien regalarnos a todos los que tuvimos la fortuna de presenciarlo los dos argumentos más imbéciles (uno por ridículo, el otro por estúpido) que recuerdo haber escuchado en una discusión en muchísimo tiempo; el primero me arrancó una carcajada, el segundo me levantó del asiento y casi me hizo romperme la mano contra la mesa (fui débil y me dejé llevar por la indignación -sí, aquello que Nietzsche decía que era el último refugio de los resentidos…-), en un acceso de furia. Como siempre es mejor reír que enojarse, empezaré con el ridículo, dejando el más puramente memo para el final.

El debate pronto se orientó hacia la definición del concepto (si es que se puede llamar concepto a semejante vaguedad) familia cristiana. Con gran acierto, el teólogo problematizó este punto, retando al combativo joven a que presentase un modelo ejemplar de lo que se supone que podía ser la familia cristiana tal como pueda mostrarla la biblia, a lo que éste respondió (agárrense, que vienen curvas): “hombre, claramente la sagrada familia”. Carcajadas entre el público, aplausos, ramos de rosas arrojados al escenario. Qué momento tan grande para el humor en la historia del periodismo. Por supuesto, la respuesta a semejante necedad no podía ser otra: si hay un modelo de familia absolutamente fuera de lo común es aquél en que el padre no es padre biológico, la madre es virgen y la progenie es nada menos que dios padre omnipotente, creador de cielo y tierra, hecho carne para la redención de los pecados.

No contento con haber retratado su completa estupidez ante quienes le escucharen con tal bobada (y también otras como que la familia de tipo padre-madre-hijos es la célula central de toda cultura, cuando la antropología demuestra que es casi excepcional en la historia de la humanidad), este joven activista católico pronto tuvo la oportunidad de confirmar su ineptitud mental, y no la desaprovechó: se hablaba del ordenamiento jurídico del estado, y de cómo los ciudadanos gozan de deberes y derechos con independencia de cualesquiera condiciones particulares. Así, las leyes deben establecerse sobre los criterios de la razón, en nombre de la igualdad y la justicia. Y a esta afirmación del teólogo contestó el joven, inverosímilmente: ¿y qué hacemos con el espíritu santo, no pinta nada en todo esto?

Y yo no podía creerlo. Me explico: toda mi vida escolar -de los cuatro a los dieciocho años- la pasé en un colegio de frailes y sacerdotes carmelitas. Sin duda, he escuchado todo tipo de sandeces a lo largo de esos muchos años, pero en el fondo todas se reducían al ejercicio libre e independiente de la libertad de credo: en lo privado, uno puede creer en lo que quiera; lo mismo da Naranjito, Mahoma, Jesucristo o Julito Iglesias, allá cada cual. Pero creo que hace ya mucho tiempo que había yo descartado como probable la posibilidad de que alguien plantease, en una discusión seria y racional, como si se tratase de un argumento digno de ser tenido en cuenta, algo tan estúpido como “¿y qué hacemos con el espíritu santo, no pinta nada en todo esto?”.

Porque la respuesta, de puramente obvia, resulta dolorosa: NO, NO PINTA NADA EN TODO ESTO. Ni pinta nada, ni puede pintarlo, ni puede tomarse en serio a nadie que pretenda que lo haga (tómese el siguiente contraejemplo: ¿quién me tomaría en serio si, al plantearse la redacción de una ley, yo dijese “¿y qué pasa con Papá Pitufo, es que no pinta nada en todo esto?”?).

¿En qué mundo vive esta gente? Un mundo sin Aristóteles, sin Copérnico, sin Planck, sin Darwin, sin Spinoza, sin Julio César, sin Maquiavelo, sin Kant, sin Poincaré, sin Hilbert, sin Fichte, sin Nietzsche, sin Voltaire, sin Rousseau, sin Marx, sin historia, sin Bach, sin Beethoven, sin Napoleón, sin Auschwitz, sin Homero, sin Hölderlin, sin ciencia, sin política, sin Ilustración, sin Renacimiento, sin Grecia, sin Roma, sin Venecia, sin Florencia, sin siglo XX… No puede ni decirse que vivan anclados en el pasado, porque ni siquiera tienen historia. Carecen de memoria porque no tienen nada que recordar y, aún así, reivindican su derecho a que sus opiniones sean tenidas en cuenta.

Parece que nadie les ha informado que sus opiniones valen, como tales, tanto como las de cualquier otro: absolutamente NADA. Valen tanto como las mías o las de uno que pase por la calle. Porque, en el espacio público de la ley y la libertad, la opinión no tiene cabida. La ley no entiende de opiniones, ni puede basarse en opiniones, convicciones ni emociones. La política basada en intimas convicciones es la que conduce a Guantánamos, Operaciones Cóndor, Apartheids, Gulags y Mathausens o Berger-Belsens de todo tipo. Las íntimas convicciones pavimentan el camino que condujo a la guerra de Irak, al genocidio armenio, al 11-S o a Sierra Leona.

Mientras no sepan distinguir la esfera pública de la privada, mientras no dejen de comportarse como seres humanos, allá donde deben ser “sólo” ciudadanos, su voz no merecerá ser tenida en cuenta.

Hasta que no aprendan geometría, absténganse de intentar entrar en la Academia.

Hasta que no ejerzan como ciudadanos, absténganse de intentar ser parte del estado de derecho.

Cuando era pequeño, siempre me decían que cuando fuese mayor, comería dos huevos.

Aplíquense el cuento.

Y ahora móntenme una manifestación a la puerta de mi casa.

Otro día, mas cositas y menos mala hostia -aunque no prometo nada-.

Die Welt ist alles, was der Fall ist.

Enero 22, 2008 by cohaagen

Recuerdo haber visto El Día de la Bestia con Norman (podéis leer su muy recomendable blog Homeless) en el desaparecido cine Aragón hace ya bastantes años. La calefacción en la sala era espantosa y me pasé toda la peli medio tiritando. Por supuesto, no me importó lo más mínimo. Me encantó aquella película y he visto casi todo lo que Alex de la Iglesia ha hecho desde entonces -incluso leí su novela, titulada Payasos en la Lavadora (aunque no era muy buena, la verdad), por mediación de Paula-. Y lo cierto es que mi admiración por el director vasco es ilimitada, aunque debo reconocer que no le admiro como director de cine, sino como persona. Esto no deja de ser preocupante, porque en realidad la de director es la única dimensión de su personalidad que conozco de manera directa: jamás he hablado con él, ni creo haberle visto en directo siquiera. Así que admiro de él algo que desconozco, y que, en gran medida, he construido sobre una base completamente imaginaria. Me inspira el deseo de que las cosas le vayan siempre bien y la buena imagen que de él tengo no se ha empañado aun a pesar de que ninguna película suya me ha gustado desde El Día de la Bestia (aunque su colaboración en Historias para no Dormir no estaba mal y siempre hay algo que se salva en sus trabajos).

Es por todo esto que me ha hecho feliz poder disfrutar sin reparos de su última película: Los Crímenes de Oxford. Es una película estupenda, entretenida, inteligente, clásica en el mejor sentido del término y nada pretenciosa, respetuosa con quien se ha dejado seis euros en la taquilla para verla y que sólo se ve ligeramente empañada por el trabajo un tanto pastoso de Leonor Watling. Ese papel era para otra actriz, preferiblemente no española. Todo lo demás es fantástico, eso sí. Gloriosas referencias a V for Vendetta (el cómic, claro, no esa mierda de película de hace un par de años), a Welles, a Hitchcock, homenaje a Wittgenstein (incluso alguno velado como el nombre del personaje de Mrs. Eagleton) incluido. Es verdad que algunas cosas son inexactas y que, por ejemplo, la objeción que el personaje interpretado por Elijah Wood le plantea al profesor Seldom (John Hurt) acerca del Tractatus no tiene ningún sentido si se ha leído la obra de Wittgenstein. Bueno, son cosas que pasan. No importa: ¿una peli protagonizada por un profesor de lógica, un estudiante de matemáticas y basada en detalles teóricos de la obra de Wittgenstein? ¿Y además divertida? Me apunto siempre.

No se puede decir lo mismo de la última película que he visto en el cine (en compañía, también, de Norman y Paula): 1408. Que no iba a ser muy buena se veía venir, es cierto, pero eso no importa demasiado si está protagonizada por John Cusack. Pero aquí de lo que se trata no es de si era mala, sino de lo inmensamente aburrida que resulta. Un auténtico coñazo infumable… Prohibido acercarse a menos de diez metros de cualquier rollo de este film, bajo riesgo de narcolepsia asesina. Un espanto, oigan.

 

Volviendo al mundo de las cosas que merecen la pena, es imperativo recomendar aquí tres libros absolutamente preciosos, inteligentes, divertidos, elegantes y que absolutamente cualquiera, con independencia de su edad y condición, puede y debe disfrutar con asombro. Su autor es Istvan Banyai (la influencia del maestro Moebius es fuerte en él…) y se titulan Zoom, Re-Zoom y El Otro Lado. Son libros de ilustraciones y prefiero no entrar en detalles acerca de su contenido, pues la primera vivencia de estos tomitos ha de estar lo menos mediada conceptualmente que se pueda. No puedo hacer menos que recomendarlos vivísimamente. Están publicados por FCE y, además, son económicamente muy asequibles. No los dejéis escapar: son el equivalente, en términos de alimento para hemisferios cerebrales derechos, del bacalao al pilpil. Regaláos una racioncita.

 

No digo más.

Qué post más pesado me ha quedado hoy, no?

Otro día, más y (esperemos) mejor.

Baltimore Traditional

Enero 14, 2008 by cohaagen

Descubro con gran placer que la realidad desmiente mi post de ayer: el canal TNT (Digital+) ha comenzado a emitir The Wire. La cita es los domingos a las 22h., aunque desconozco cuántas temporadas van a emitir, ni si ofrecen la posibilidad de ver la serie en VOS. En cualquier caso, una excelente noticia para la salud mental en esta tierra baldía para la cultura en televisión que es España.

 

Avisados quedan: menos Aída y más The Wire.

El cambio merece la pena.

If animal trapped inside, please call…

Enero 13, 2008 by cohaagen

El año pasado perdí mi oportunidad (por poco), pero por fin he podido hacerme con el cofre que contiene las nueve temporadas de Expediente X. No es la mejor serie de todos los tiempos (de eso voy a hablar dentro de un rato), pero lo mismo da. Qué gozada poder ver los capítulos en orden, sin publicidad y en versión original! Menudos meses de nerdismo freak que me esperan… Es una de esas series con las que, simplemente, disfrutas un buen rato en cada capítulo (aunque ya sé que tiene temporadas mejores y peores, y capítulos espantosos, pero son los menos…). Desde luego, la culpa de todo es de David Lynch: sin Twin Peaks, no habría habido X Files, evidentemente. Y el aroma inconfundible de la serie de Chris Carter se respira de manera tan evidente en leyendas de juventud como los dos primeros Resident Evil, o en Silent Hill 2 que resulta para mí más una evocación general de un estado de ánimo particular que el mero visionado de una buena serie: ver Expediente X es un poco como recordar la primera vez que leí La Sombra sobre Innsmouth o Los Perros de Tindalos. Me dejo llevar por la credulidad y me lo paso como un crío otra vez.

La semana pasada comenzó la emisión de la quinta y última temporada de la que ha sido, hasta el momento, no sólo la mejor serie de la historia de la televisión, sino lo mejor que le ha pasado a la narrativa de ficción en los últimos años: The Wire. No hay modo ni manera de que pueda explicar porqué es TAN TAN buena. Sólo diré que, de entre las muchas horas de gloria fílmica que le debemos a la HBO (con The Sopranos y Six Feet Under a la cabeza), nada puede acercarse a la perfección formal, estructural, narrativa e interpretativa de esta serie. The Wire es una de las mejores experiencias que como espectador he tenido en mi vida. La pongo sin problemas a la altura de El Padrino, Ciudadano Kane, La Delgada Línea Roja, Blade Runner, Pulp Fiction, la trilogía Azul Blanco Rojo de Kieslowski, Stalker o Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Primavera (son las primeras que me han venido a la cabeza), si no por encima. La profundidad de sus personajes, lo excelso de sus interpretaciones, la honestidad de sus planteamientos, la perfección de su ejecución, lo implacable de su desarrollo, la capacidad para no caer jamás en tópicos ni en lugares manidamente visitados por todo el mundo, la elegancia de los guiones, el incansable respeto por la inteligencia de su público. No hay absolutamente nada que se le pueda achacar como defecto a este ejercicio de virtud cinematográfica y, en general, artística(en el sentido etimológico de la palabra virtus, en el sentido spinoziano/maquiavélico del término).

Por supuesto, un producto de tan alta calidad no tiene cabida en la televisión de este país, por lo que ni siquiera se ha emitido un solo capítulo de The Wire en España. Hay que recurrir a Internet o a la compra de DVDs en edición internacional. Eso, contra lo que pueda parecer, es una fortuna, pues preserva algo que creo que hace única a esta serie y que no he mencionado en concreto aún: es fundamental ver esta serie en con su sonido original. Los doblajes de esta serie deberían estar prohibidos, pues no conozco serie alguna que se apoye tanto en el uso concreto y específico del lenguaje como lo hace The Wire. La lengua en The Wire es tan absolutamente determinante como en un poema de Hölderlin o una obra de Shakespeare, Joyce o Cortázar. Tratar de traducirlo sería sin duda asesinar el texto. Por eso, aunque la trama y los diálogos se sigan a través de subtítulos (la serie ha tenido problemas de comprensión incluso en USA; mucha gente no entiende lo que los personajes dicen), es necesario escuchar al elenco de The Wire entregar el texto y sus frases como lo hacen. Yo he defendido en mil y un ocasiones la necesariedad de ver siempre que sea posible las películas en versión original (con o sin subtítulos en función de la competencia que se tenga en el idioma concreto en que estén rodadas), pero en este caso mi vehemencia no puede ser mayor.

Os aseguro que nada mejor que The Wire puede pasar por vuestras pantallas. No dejéis de verla.

David Simon es, en gran medida, el creador de The Wire y podéis leer, si os interesa, o si no encontráis la manera de ver la serie, el libro que la inspiró. Es obra del mismo Simon y lleva por título Homicide: A Year in the Killing Streets. Es una auténtica gozada: fruto del trabajo de investigación de Simon como periodista incrustado en la unidad de homicidios de la policía de Baltimore (Maryland), durante un año -cuando éste trabajaba para el Baltimore Sun-, es la crónica de la vida diaria de los miembros de la unidad, además de un implacable análisis de la realidad de la vida en la ciudad media estadounidense. Un libro periodística, narrativa, antropológica y sociológicamente fascinante.

Guionista habitual de la serie y también productor, George Pelecanos es autor de uno de los libros que he leído recientemente: The Night Gardener. No tan bueno como Simon, pero un buen escritor, y ésta última obra suya es sin duda una buena novela que recomiendo a todos.

También he leído, regalo de navidad de mi madre, Decidme cómo es un Arbol, autobiografía (o, más bien, habría que decir memorias) del poeta Marcos Ana, preso político por veintitrés años durante la dictadura fascista de Franco. Un libro sin duda muy honesto, cuyas primeras doscientas páginas son muy recomendables aunque, lamentablemente, pierde interés conforme se acerca a su tramo final.

Estoy acabando Un Trabajo muy Sucio, de Christopher Moore. Una novela de humor negro, suficientemente divertida, suficientemente bien escrita y, desde luego, una lectura muy amena. Como Paula me dijo: “está bien, pero es que me acabo de terminar uno de Kawabata y, claro… Le falta sustancia.” Pues eso mismo.

No puedo dejar pasar la ocasión de recomendar a todo el que lea esto que aproveche para completar su biblioteca con los dos tomos (el segundo acaba de salir) que recogen la narrativa completa de Lovecraft, en la colección Gótica de la editorial Valdemar. Una gozada para los amantes de este tipo rarito y en ocasiones genial.

Estoy sumergido ahora en la lectura de La Educación Sentimental, aunque la traducción (la de Germán Palacios publicada por Cátedra Letras Universales) no me termina de convencer. Iré dando impresiones conforme avance más (aunque ya puedo comenzar diciendo que es Flaubert, quiero decir: joder, ES FLAUBERT -hace tiempo que no leía nada suyo y casi había olvidado lo bueno que es-).

También estoy con otro francés, Georges Duby, especialista en el arte y la sociedad de la edad media, a quien conocí -literariamente hablando- gracias a mi compañero de viajes helénicos Dani Nekaipán. Ahora estoy con un maravilloso estudio que publicó en los años setenta del pasado siglo: La Época de las Catedrales, publicado en Cátedra Grandes Temas. Es una pasada. Duby, como LeGoff, es un autor magnífico para descubrir la edad media y todas sus muy sutiles complejidades (recomiendo también otra obra suya: La Europa del año Mil). Si sus obras se acompañan (Paula es valiosísima fuente para ello) de estudios como los de Bango acerca del románico o con álbumes como Arquitectura de la Edad Media (Editorial Feierabend), entonces la lectura se vuelve delicia. Añádase una ración diaria de Las Claves del Románico (L-V, 11:15h., en La2), con el maestro Peridis y ya está todo hecho.

Me dejo cosas en el tintero, pero por hoy ya he dicho más que suficiente.

 

Otro día, más cositas.

In Rainbows (… y II)

Diciembre 27, 2007 by cohaagen

Ayer me llegó, por fin, vía correo ordinario, el discbox que encargué hace ya tanto con la edición de lujo de In Rainbows. Me doy cuenta de que es un tema recurrente (quizás demasiado) en ECQ, que me paso todo el día hablando de Pardo y de Radiohead; es que soy así de pesado, y quien me conoce sabe que es cierto, al menos hasta que la novedad se disipe.

A lo que iba… Llegó, como un regalo atrasado de navidad, el discbox. Y qué gustazo. Edición en doble vinilo del disco, más un CD con algunos temas extra, artwork y todo ello en un embalaje de auténtico gourmet coleccionista. Humm, qué rico! Vayamos, pues, al turrón. El CD extra abre con MK1, un loop con los coros y un sampler de Videotape. Una joyita pequeña que sirve de aperitivo. Al igual que pasaba con el lanzamiento “oficial”, en este bonus disc, encontramos canciones que la banda ya había estado ensayando en directo y que, por tanto, muchos ya habíamos escuchado. Es el caso de Down is the New Up, reverso tenebroso y magnificado de 15 Step, con la que comparte estructura pero a la que añade un gran nivel de opacidad sonora. Uno de esos temas que requieren un par de escuchas antes de una correcta apreciación. Todo lo contrario sucede con Go Slowly, una hermosa pieza, sutil y maravillosamente sostenida sobre una revisita al final de There, there, tema que fue single de su anterior disco, Hail to the Thief. La capacidad vocal de Thom Yorke brilla casi a la misma altura que la evidencia con que se muestra lo que una banda de la calidad de Radiohead es capaz de hacer con una misma armonía, montando dos temas tan diferentes en todos los aspectos (otro ejemplo es el paralelismo entre Like Spinning Plates -publicada en Amnesiac- y su imagen especular, I Will -que encontramos en Hail to the Thief-; ambas canciones son la misma pieza, una al derecho y la otra puesta del revés). Continuamos: MK2 es otro mini corte sonoro montado con lo que reconocemos como el extraño comienzo de Nude. Last Flowers es un tema retorcido que recuerda a Down is the New Up, pero con el aspecto fúnebre acentuado por el inmenso trabajo vocal de Yorke (quizás el mejor argumento a favor de escuchar este disco extra… Thom está que se sale, literalmente). Up on the Ladder construye la tensión y se desarrolla como un tema de Mirwais, despacio pero seguro. Es una canción repleta de referencias sonoras a diferentes contextos, con secciones emborronadas y saturadas a las que siguen tramos de evidente inspiración electrónica. Destaca la labor del bajo, que es el auténtico motivo de la canción, como contrapuesto a los sintes altos y las voces. Bangers & Mash también es un tema que la banda ha presentado en directo en varias ocasiones. Quizás sea el menos equilibrado de los que conforman esta entrega, donde la banda deriva más hacia el collage estilístico. Eso sí, el puente es absolutamente magnífico: la banda rescata el tema con maestría de entre la maraña sonora que lo rodea. El caso de 4 Minute Warning es la plasmación de algo que ya traté de defender aquí en otra ocasión, y es que Radiohead trabajan en favor de opciones estéticas concretas, no de resultados específicos. Las versiones previas de este tema lo presentaban como una actualización de No Surprises, con ciertos toques de rock genuino, montado sobre una progresión clara en piano. Todo eso ha desaparecido en esta versión bajo las sucesivas capas de producción, quedando apenas el bajo y el piano, allá a lo lejos, en favor de una claridad meridiana para la voz y los coros, a mayor volumen y tratados con mucha elegancia.

Resumiendo, este bonus disc alberga una obra maestra del repertorio de Radiohead (Go Slowly), piezas intermedias y una canción -4 Minute Warning- que (os lo aseguro) asombrará a todo el que descubra lo que se esconde bajo su gruesa capa de amortiguación cuando la toquen en los conciertos.

 

Otro día más cositas.

Hasta otra.