Archivos de la categoría ‘Cosas de escuchar’

Hate to say I Told You so…

Febrero 18, 2008

Atender a diversos requerimientos administrativos me ha tenido alejado de ECQ durante más tiempo del que hubiese querido. Pero como todo tiene algún lado bueno, he terminado acumulando algo de material sobre el que escribir y, tratando de disipar el sueño propio de la sobremesa invernal, héme aquí de nuevo.

Queda lejos ya, pero no quisiera dejar pasar la oportunidad de su reestreno en salas de exhibición para volver a recomendar La Soledad, y no porque ganase tres Goyas (merecidos, pero completamente innecesarios) sino porque es una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo. Pero sobre ella ya hablé aquí mismo, así que no voy a repetirme.

Fui a ver, en compañía de Paula, varias de las películas que están nominadas a mejor ídem en la próxima gala de los Oscar, con resultados desiguales:

Expiación no es una mala película, pero es una película completamente innecesaria. Desde luego, contiene una secuencia magistralmente rodada y una excelente banda sonora, pero eso es todo lo que hay. Tanto el film, como la novela homónima en la que se inspira, comparten defectos: historia irrelevante, torpeza en la ejecución (en cuanto a estructura narrativa) y personajes obviables (a excepción del personaje de la madre; muy bien construido en la novela, pero desechado casi totalmente en la película). No merece la pena, en cualquier caso.

Juno, por su parte fue una experiencia muy agradable. Una película excelente, bien escrita, mejor dirigida e interpretada aún mejor. Ellen Page, cuyo sobresaliente trabajo en Hard Candy no elogié de manera suficiente aquí mismo, está merecidamente nominada a mejor actriz por su papel. Es cierto que el film no deja de recordar en su espíritu a Little Miss Sunshine pero eso, en mi opinión, jamás podrá ser considerado una falta. Mención aparte requiere la EXCELENTE selección de temas que conforman la Banda Sonora de la película: será, en mi opinión, la mejor -de lejos- este 2008. Es absolutamente gloriosa, captando brillantemente el tono de la película y ofreciendo cientos de horas de escucha agradecida. Un auténtico triunfo.

No Country for Old Men es una película que aquí en España está lastrada por su propia calidad, y me explicaré enseguida: Bardem y su espléndido… no, perdón, repito: Bardem y su ESPLÉNDIDO ESPLÉNDIDO trabajo van a hacer que seguramente la película funcione muy bien en taquilla (mejor que cualquier otro trabajo de los Cohen hasta la fecha). Esto, sin embargo, supone un problema: el doblaje. Casi todo el mundo irá a ver esta película en versión doblada y, con ello se perderá gran parte de lo que la hace magnífica. No se perderán el excelente montaje, ni el ritmo hipnótico, ni la bellísima fotografía, ni la cuidadísima producción de sonido… Pero sí se perderán los diálogos perfectos y es trabajo realmente sobresaliente de todos y cada uno de los actores y actrices que entregan siquiera una sola línea de esos diálogos durante el film. Es el mejor trabajo conjunto de reparto que he visto en mucho tiempo, una auténtica maravilla. Una lección de cine por parte de los Cohen, pero también por parte de Tommy Lee-Jones, Josh Brolin, Bardem y todos los demás. Si hay una película que merece todos los premios que pueda llevarse este año, estoy seguro de que es ésta. No os la perdáis por nada del mundo, pero vedla en versión original, por lo que más queráis…

La curiosidad me llevó a ver otras películas mucho menos recomendables… Cloverfield, por ejemplo (espantosamente traducida al castellano como Mostruoso). No es tan mala como muchos dicen, pero desde luego no es ni lo que yo esperaba ni tan buena como aseguran algunos. Es una película que podría haber sido realmente buena y se queda en una medianía aburrida e insulsa. Además, habiendo visto tan recientemente esa obra mestra del cine que es The Host (pónganse todos en pie, por favor…), ¿quién va a acordarse de Cloverfield dento de tres meses?

Infinitamente peor, y una de las peores películas que he visto últimamente, ha resultado ser La Brújula Dorada, asesinato cruel y premeditado adaptación de la muy recomendable novela de Philip Pullmann The Northern Lights, primera parte de la trilogía His Dark Materials (que, por fortuna llegué a leer antes de ver la película: de haber visto antes semejante bodrio jamás habría leído el libro, y hubiese sido una pena). Me asombra cómo puede llegar a destrozarse de ese modo una historia que podría haberse contado perfectamente en soporte cinematográfico. Quiero decir, entiendo que la próxima Watchmen seguramente será espantosamente mala (como ya lo fue V for Vendetta), porque no son obras que soporten bien el ser narradas cinematográficamente, como a nadie en su sano juicio se le ocurriría hacer una adaptación cinematográfica de Rayuela. Pero The Northern Lights sí que podía contarse en una película… en unas dos horas y media hay tiempo de sobra SI el guionista es competente. Pero eso, por lo que se ve, era demasiado pedir. Un auténtico horror. No se acercquen a ella y lean, en cambio, la novela (no respondo de la trilogía completa, pero sí del primer volumen: una lectura entretenida que no insultará la inteligencia del lector… Le tratará como si fuese un niño, pero en el mejor de los sentidos).

Y, para acabar, dos cositas: primero, una buena canción (Punkrocker, de The Teddybears -demostrando que cuatro acordes y un Iggy Pop valen más que la carrera completa de Blink182 y demás mierdas por el estilo-); en segundo lugar, la triste confirmación de que más vale estudiar teología que periodismo: de nuevo CNN+, de nuevo El Debate, de nuevo un teólogo, esta vez enfrentado a un periodista a sueldo de La Razón (ese diario que personifica el oxímoron y la contradictio in adjecto). De nuevo acabé con un cabreo monumental por tener que darle la razón a un teólogo. Qué cosas…

 

Como dijo Nietzsche, quien durante largo tiempo ha cargado con cadenas tiene un fino oído para detectarlas.

Yo estudié en colegio de curas.

Debe ser eso.

Otro día, más cositas.

In Rainbows (… y II)

Diciembre 27, 2007

Ayer me llegó, por fin, vía correo ordinario, el discbox que encargué hace ya tanto con la edición de lujo de In Rainbows. Me doy cuenta de que es un tema recurrente (quizás demasiado) en ECQ, que me paso todo el día hablando de Pardo y de Radiohead; es que soy así de pesado, y quien me conoce sabe que es cierto, al menos hasta que la novedad se disipe.

A lo que iba… Llegó, como un regalo atrasado de navidad, el discbox. Y qué gustazo. Edición en doble vinilo del disco, más un CD con algunos temas extra, artwork y todo ello en un embalaje de auténtico gourmet coleccionista. Humm, qué rico! Vayamos, pues, al turrón. El CD extra abre con MK1, un loop con los coros y un sampler de Videotape. Una joyita pequeña que sirve de aperitivo. Al igual que pasaba con el lanzamiento “oficial”, en este bonus disc, encontramos canciones que la banda ya había estado ensayando en directo y que, por tanto, muchos ya habíamos escuchado. Es el caso de Down is the New Up, reverso tenebroso y magnificado de 15 Step, con la que comparte estructura pero a la que añade un gran nivel de opacidad sonora. Uno de esos temas que requieren un par de escuchas antes de una correcta apreciación. Todo lo contrario sucede con Go Slowly, una hermosa pieza, sutil y maravillosamente sostenida sobre una revisita al final de There, there, tema que fue single de su anterior disco, Hail to the Thief. La capacidad vocal de Thom Yorke brilla casi a la misma altura que la evidencia con que se muestra lo que una banda de la calidad de Radiohead es capaz de hacer con una misma armonía, montando dos temas tan diferentes en todos los aspectos (otro ejemplo es el paralelismo entre Like Spinning Plates -publicada en Amnesiac- y su imagen especular, I Will -que encontramos en Hail to the Thief-; ambas canciones son la misma pieza, una al derecho y la otra puesta del revés). Continuamos: MK2 es otro mini corte sonoro montado con lo que reconocemos como el extraño comienzo de Nude. Last Flowers es un tema retorcido que recuerda a Down is the New Up, pero con el aspecto fúnebre acentuado por el inmenso trabajo vocal de Yorke (quizás el mejor argumento a favor de escuchar este disco extra… Thom está que se sale, literalmente). Up on the Ladder construye la tensión y se desarrolla como un tema de Mirwais, despacio pero seguro. Es una canción repleta de referencias sonoras a diferentes contextos, con secciones emborronadas y saturadas a las que siguen tramos de evidente inspiración electrónica. Destaca la labor del bajo, que es el auténtico motivo de la canción, como contrapuesto a los sintes altos y las voces. Bangers & Mash también es un tema que la banda ha presentado en directo en varias ocasiones. Quizás sea el menos equilibrado de los que conforman esta entrega, donde la banda deriva más hacia el collage estilístico. Eso sí, el puente es absolutamente magnífico: la banda rescata el tema con maestría de entre la maraña sonora que lo rodea. El caso de 4 Minute Warning es la plasmación de algo que ya traté de defender aquí en otra ocasión, y es que Radiohead trabajan en favor de opciones estéticas concretas, no de resultados específicos. Las versiones previas de este tema lo presentaban como una actualización de No Surprises, con ciertos toques de rock genuino, montado sobre una progresión clara en piano. Todo eso ha desaparecido en esta versión bajo las sucesivas capas de producción, quedando apenas el bajo y el piano, allá a lo lejos, en favor de una claridad meridiana para la voz y los coros, a mayor volumen y tratados con mucha elegancia.

Resumiendo, este bonus disc alberga una obra maestra del repertorio de Radiohead (Go Slowly), piezas intermedias y una canción -4 Minute Warning- que (os lo aseguro) asombrará a todo el que descubra lo que se esconde bajo su gruesa capa de amortiguación cuando la toquen en los conciertos.

 

Otro día más cositas.

Hasta otra.

Another uninnocent, elegant fall into the unmagnificent lives of adults

Diciembre 26, 2007

Llevo varios días escuchando sólo una canción. Es la mejor canción que he escuchado este año y, para mi sorpresa, no está en el último trabajo de Radiohead, sino que es el segundo corte de Boxer, el último disco de The National: Mistaken for Strangers es su título y realmente no voy a ser capaz de describirla haciéndole la más mínima justicia (el título del post es un verso de su asombrosa letra…). Recuerdo a Pardo diciendo que no hay una manera mejor de expresar lo que sea que una obra de arte expresa que la obra misma. La obra es insustituible. Éste es el mismo caso: yo no voy a ser capaz siquiera de comenzar a haceros ver lo absolutamente maravillosa y sublime que es esta canción. Lo único que puede hacerse con una canción así es callarse para escucharla. Y eso os recomiendo. Gallifante de Platino a la mejor canción del año sin niguna duda.

Hablando de Pardo, hace ya unos días que terminé de leer Esto no es Música. Es, como se veía venir, un libro magnífico. Para quien ha asistido a sus cursos resulta diáfano, meridianamente claro y refulgente. Ciertos capítulos o secciones recuerdo haberlas escuchado en las aulas (por ejemplo, el capítulo 11 es un excelente resumen de su curso para la asignatura Nihilismo y Metafísica) y es muy grato ver cómo ha sabido enriquecer aún más todo el entramado de referencias que una y otra vez hacía de viva voz. Se puede decir que, mientras La Regla del Juego era una suerte de ampliación magnificada de lo esencial del curso de El Nacimiento de la Filosofía, esta última obra es, al mismo tiempo una relectura de los contenidos de la ya citada Nihilismo y Metafísica, junto con El Problema del Tiempo (aunque ya había bastante de esto también en La Regla del Juego) y el seminario sobre El Anti-Edipo que presentaba en la asignatura Corrientes Actuales de la Filosofía I. El libro es un genial tour de force que sabe equilibrar perfectamente todos sus elementos. Cuando se lee a Pardo uno tiene la sensación de que guarda más de una novela a medias en el cajón de la mesa; no hay más que ver la excelencia con la que narra la vida de Luigi Lucheni (el asesino de Sissi, la emperatriz) o el brillante comienzo de La Regla del Juego. Esto no es Música (y recuerdo que el subtítulo reza: Una introducción al malestar en la cultura de masas) es un libro paladeable en todos los sentidos aunque, avisados quedáis todos, su regusto es amargo. Muy amargo. Pardo no ha venido a dar consuelo.

Por cierto, no puedo dejar de decirlo: si hay algo con lo que uno puede quedarse, por encima de todo, al leer este libro, es con la magnífica explicación de una cuestión que habitualmente se malentiende. Es lo que yo consideraría el nudo central del problema de la metafísica. Su relación con Kant es profunda, pero sobre eso hablaré otro día. Lo expresaré de manera muy simplista por dos motivos:

a) No voy a escribir ahora un artículo de quince páginas sobre el tema, para empezar porque no son horas; y

b) Pardo (y Deleuze) lo explican mejor que yo.

Pero vendría a ser como sigue: ¿Cómo se invierte a Hegel? Desde luego, no se le puede invertir como Marx quiso hacerlo (la referencia aquí a Liria es obligada), porque uno se encuentra con que, al final, se tiene al mismo Hegel, pero bocabajo. Hay que hacerlo como lo hizo Nietzsche: no se trata de poner arriba lo que estaba abajo, y viceversa; se trata de poner a la derecha lo que estaba en la izquierda, de poner al principio lo que estaba al final, pero tampoco como quien comienza un libro leyendo la última página, sino como quien trata de leerlo mirando las palabras en un espejo. Coged la Fenomenología del Espíritu, la Ciencia de la Lógica, la Enciclopedia de las Ciencias Filosófícas y mirad el índice de cada obra. Y comenzad a leer por el final, en voz alta, lo que os encontréis en el espejo.

Ya veréis qué susto.

 

Otros libros y pelis que han caído últimamente:

Terminé A Spot of Bother, de Mark Haddon. Qué novela tan bien hecha, la verdad. Así da gusto leer ficción. Tan recomendable como su primer libro.

Leí también Firmin, de Sam Savage (Seix Barral). No está mal, pero es demasiado sensiblero y no me gusta cuando me chantajean emocionalmente. O cuando lo hacen y me doy cuenta. Pasable, con algunos momentos buenos y otros entretenidos, pero no merece la pena (literalmente).

Pude ver el otro día, en la inmejorable compañía de Paula, la excelente The History Boys, dirigida por Nicholas Hytner, con guión de Alan Bennett sobre su obra de teatro de igual título (e interpretada por el mismo reparto, según tengo entendido). Una buena película con excelentes interpretaciones, sustentada por diálogos brillantes. Una de esas películas en las que sabes perfectamente qué va a pasar, pero no importa lo más mínimo, sólo quieres quedarte a ver cómo.

También pude comprobar cómo hay directores que nunca defraudan, incluso cuando no sabes muy bien si fiarte de ellos. Es el caso de Clint Eastwood. Estoy casi completamente convencido de que Cartas desde Iwo-Jima me va a gustar, y mucho. Pero no lo tenía tan claro con Banderas de nuestros Padres. Bueno, pues todos mis temores eran infundados: es una gran película en todos los sentidos; no es la mejor película de Eastwood, pero está muy muy bien.

Del mismo modo, Tarantino nunca defrauda y Death Proof me ha gustado tanto como (no, corrijo: más aún que) cuando la ví por primera vez en el cine. Será debilidad personal, no lo sé… Me gusta todo lo que Tarantino ha dirigido, no puedo evitarlo.

Por último, hoy mismo he empezado La Educación Sentimental, de Flaubert. Si resulta la mitad de buena que Bouvard y Pecuchet o, claro está, Madame Bovary, me esperan buenos días de lectura.

 

Ya veremos qué pasa.

Hasta otra.

Variantes y entrantes

Diciembre 4, 2007

Quien me conozca seguramente sabrá que guardo una inmensa admiración por muchos de los profesores a cuyos cursos y seminarios he tenido la fortuna de asistir en mis demasiados años como estudiante en la Kantera (también conocida como Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid). De entre esos profesores hay algunos para con los que he contraído deudas intelectuales absolutamente impagables: María José Callejo, Carlos Fernández Liria, Ana Rioja o Juan Miguel Palacios son algunos de ellos. El caso de José Luis Pardo es también peculiar: he aprovechado todas las oportunidades que se me han brindado para poder disfrutar de sus clases, y he asistido a todas las asignaturas que imparte. Con Pardo uno siente que tiene delante a alguien que está, de facto, haciendo filosofía. No sólo dando clase de filosofía, no sólo hablando de filosofía, sino filosofando, ejerciendo como filósofo.

Eso es algo inusual. Y, aunque ligeramente diluída por la mediación de la página impresa, esa sensación se mantiene cuando uno se acerca a su obra escrita. Los libros de Pardo (así como los de Liria ­-Callejo, para desgracia de todos, no ha publicado nada… aún-­) son siempre un ejercicio de lucidez filosófica. Olvídense lectores de encontrar en ellos chorradas egotísticas tipo Jose Antonio Marina, pedanterías variadas a la Jorodovsky o estupideces propias de un Dragó y demás basuras intelectuales afines a éste. Primero, porque Pardo es un pensador de altura y, en segundo lugar, porque es un escritor excelente; la conjunción de ambas cualidades le hace un ejemplar casi único, una rara avis en el páramo de las letras castellanas (donde parece que es lugar común dar por bueno a Savater ­-quien se defiende bien en las distancias cortas del diálogo, pero no es un escritor relevante ni puede preciarse de resultar teóricamente muy interesante-­).

Continuación, de aquella manera, de la obra que le valió en 2005 la concesión del Premio Nacional de Ensayo (La Regla del Juego, también publicado en Galaxia/Gutenberg), nos llega, recién salido de imprenta, el nuevo trabajo de José Luis Pardo: Esto no es Música. En él volvemos a encontrar todos los ingredientes que gloriosamente jalonan el mundo filosófico de este tipo que imparte sus clases sin dejar de mirar al techo si quiera por un instante: la música pop (Beatles, Dylan, Bowie…), el comic y los dibujos animados, el cine (de Cronenberg o Wenders), la literatura, Deleuze, Rorty, Kant, Nietzsche, Aristóteles, Wittgenstein, Platón, Sennett, Ricoeur… y clásicos como la inolvidable formulación del principio de anterioridad posterior (arma definitiva para la lucha contra hegelianos de todo tipo y condición): “eso es como hacer la quiniela del domingo con el periódico del lunes“.

De momento sólo he tenido tiempo para leer los tres primeros capítulos de Esto no es Música, pero puedo decir desde ya mismo que es un libro excelente y apasionante. Ya me ha hecho reír, ya me ha hecho pensar y ya me ha hecho sentir envidia… Así son los libros de Pardo. Los recomiendo todos, desde los más… diremos divulgativos como La Metafísica o su libro a medias con Savater, a las obras más teóricas como Las Formas de la Exterioridad, La Intimidad o La Banalidad (siendo éste último de lectura obligatoria, junto con La Regla del Juego). Leer a Pardo es disfrutar aprendiendo con alguien que disfruta pensando y escribiendo. No puedo hablar suficientemente bien de él, así que no me extenderé más en obviedades y tópicos.

En el mismo intercambio de dinero por bienes y servicios por el que me he hecho con mi copia de lo último de Pardo, también he adquirido el que hace el noveno volumen de Obras Completas de Theodor W. Adorno que tengo la fortuna de poseer: es el tomo XV e incluye las obras Composición para el Cine y El Fiel Correpetidor. Se sitúa, pues, en el tramo de las obras que el genial pensador le dedicó a la música. Estudiar a Adorno es siempre una gozada… es el equivalente filosófico de ver una película de Bruce Lee, si se me permite el sacrilegio: Adorno reparte tollinas, soplamocos, bofetadas y, en general, hostias como panes de pueblo, a diestro y siniestro. Y lo hace con un donaire y una elegancia fuera de lo común. Después de que Adorno hable, nada queda donde estaba: todos los entramados ideológicos a los que se acerca se desmoronan a su paso como castillos de naipes. Trabajos como La Jerga de la Autenticidad, la Dialéctica Negativa o gran cantidad de los ensayos reogidos en los tomos dedicados a los Escritos Sociológicos o a las Notas sobre Literatura son ejemplos de todo ello. Y, aunque no siempre se esté de acuerdo con lo que dice, o puedan plantearse objeciones a sus conclusiones teóricas, siempre queda la satisfacción de haber visto en acción a uno de los grandes, igual que cuando uno ve Operación Dragón.

En otro orden de cosas, la racha de buenas películas acabó, como era cosa de prever. Dos películas dieron al traste con ella: Elizabethtown y Mi Super Ex-novia. Vale, ya lo sé… Tenía que haberlo visto venir. Rápidamente, empezamos con la última: ¿porqué demonios alguien ve una película como Mi Super Ex-novia? Pues porque está dirigida por Ivan Reitman, ni más ni menos. Y ya sé que ha hecho mucha mierda, pero también ha hecho Los Cazafantasmas, por el amor de dios… Es la esperanza de que vuelva a hacer algo como ese gran clásico de la comedia lo que nos impulsa a darle una inmerecida oportunidad a basuras como Mi Super Ex-novia, nada más. Un auténtico coñazo, oigan.

Lo de Elizabethtown es también de juzgado de guardia… Una película que lo hace todo mal, incluso lo que parece que no puede hacerse mal de ninguna manera. Una película que consigue arruinar quince minutos de calidad al comienzo y casi al final, unidos por una interminable procesión de errores de todo tipo (interpretativos, narrativos y estructurales). Un espanto y, además, ñoña como sólo Cameron Crowe puede llegar a hacer una película. Un horror, debería llevar una etiqueta de biohazard.

Por fortuna, hoy espero resarcirme disfrutando del comentario del director que viene en el DVD de Hard Candy… una película excelente, divertida, irónica, amarga, inteligente y maravillosa que Paula tuvo a bien descubrirme hace tiempo. Si no la habéis visto… hacedlo. No digo más.

Última recomendación del día: a veces dejarse llevar por la corriente es bueno. Decidí darle una oportunidad a los tres álbumes mejor valorados del año según metacritic. Resultó que el número tres era In Rainbows, así que eso me dejó sólo ante dos incógnitas. Ahora puedo decir que fue una muy buena decisión. Tanto From Here we go Sublime de The Field como cualquier trabajo de Stars of the Lid son discos altamente recomendables (aunque reconozco que no para todos los gustos). Si os gusta (aunque sea un poco pequeño) la música electrónica, regaláos la escucha de lo último de The Field: seguro que encontraréis algo nuevo con cada nueva visita. Y si apreciáis en algo el legado ambient de Brian Eno, no dejéis pasar la oportunidad de conocer a Stars of the Lid, porque os van a encantar: absolutamente gloriosos.

Se avecina la gran reorganización de mi biblioteca y, con ella, seguramente comenzaré la prometida lista de recomendaciones bibliográficas en la que Mario me insiste siempre que nos vemos (nos vemos de pascuas a ramos, también es verdad). Tampoco quiero olvidarme de reseñar (aunque sea brevemente) el último libro de Liria… Quizás sea lo próximo.

Hasta entonces.

In Rainbows

Noviembre 22, 2007

Llevaba casi dos años esperando. Cada dos o tres semanas hacía un barrido general por los foros y las páginas de descargas para ver si había algo nuevo. De vez en cuando visitaba deadairspace para seguir el progreso de las sesiones, pero las noticias escaseaban. Y de pronto, resulta que Radiohead publican nuevo álbum en dos semanas… Dos semanas! Además, resulta que se lo autopublican y lo distribuyen vía internet al módico precio de la voluntad de cada cual. Por supuesto, encargo la edición de lujo con contenido extra (unos 50€) que también incluye la descarga gratuita de In Rainbows, que así se llama lo último de los oxonienses. Fruto de la obsesión y el apremio por escuchar cualquier cosa que hayan tocado Radiohead desde que terminaron la gira de Hail to the Thief resulta que, de los diez temas que conforman In Rainbows, ya conozco seis y estoy perdidamente enamorado de tres de ellos. Sin embargo, eso no quiere decir nada: en el caso de Radiohead nunca se trata sólo del qué, sino también del cómo.

Vamos a dejar a un lado las muchas y muy interesantes reflexiones que puede suscitar la decisión de la banda de pasarse por la piedra a la industria discográfica en pleno; otro día, quizás. Hoy se trata sólo de LA cuestión: qué tal es lo nuevo de Radiohead? Hay muchas maneras de responder a esta pregunta, pero me gustaría ir con un poco de orden, así que diré primero que algunos de los cortes de In Rainbows son composiciones que la banda lleva gestando desde hace más de diez años (es el caso de Nude, por ejemplo). A lo que asistimos en In Rainbows no es sólo a una instantánea actual de las capacidades y los estilos de Radiohead, sino a una panorámica de lo que realmente puede tenerse como su característica esencial: ese cuidado no sólo por el qué, sino por el cómo. Y antes de pronunciarme acerca de LA cuestión, es necesario que veamos cuál ha sido la reacción de la crítica ante In Rainbows para que pueda explicar ciertos aspectos que me parecen fundamentales de cómo creo que debe valorarse este álbum y porqué.

Como es costumbre con Radiohead, las críticas en los medios especializados oscilan entre lo bueno y lo muy bueno. Sin embargo, mirando con un poco de detalle encontré una reseña que me sorprendió: 40/100. Independientemente de mi opinión acerca de In Rainbows (a la que llegaré después, lo prometo), me resultó sorprendente encontrar una valoración tan baja para un trabajo de una banda con la reputación de Radiohead, así que me tomé la molestia de leer la reseña entera, para tratar de ver si quien la firmaba argumentaba coherentemente una nota tan baja. Y sí, lo hacía. Y, para mayor asombro por mi parte, lo hacía muy bien: hasta el punto de que, aun estando en completo desacuerdo con sus valoraciones, le concedo gran parte de su análisis. ¿Cómo es esto posible?

En su reseña, Charlie Wilmoth dice que Radiohead hace tiempo (desde Kid A) que dejaron de escribir canciones, dedicándose más bien a las jam sessions, y que esto ha ido en detrimento de la calidad de sus trabajos. Esto lo dice por dos motivos:

a) son sesiones demasiado cortas como para dar nada productivo, y

b) este tipo de grabaciones van en contra de las virtudes naturales de la banda, que a su juicio no son otras que la voz de Thom Yorke y las retorcidas melodías y progresiones de acordes.

A Yorke, dice, no se le escucha (ni se le entiende) bien y las melodías y progresiones parecen estar trabajadas sólo a medias. Termina diciendo que la música en In Rainbows es confusa, pero no valientemente confusa (la encuentra demasiado cercana a los estándares tradicionales del rock como para considerarla de vanguardia) y que Radiohead no han sabido elegir el tipo de disco adecuado, que llevan demasiado tiempo tratando de hacer algo en lo que no son especialmente buenos.

A todo esto, en mi opinión, habría que responder que es sólo en parte verdad y que, de hecho, aquello que señala correctamente es sólo trivialmente cierto. Sí, de un tiempo a esta parte Radiohead han iniciado una aparente deriva hacia la improvisación (en seguida veremos qué tiene de aparente) y sí, a Thom Yorke a veces no se le entiende. Sí, tanto Hail to the Thief como In Rainbows se encuentran más cerca de los estándares del rock que Kid A o Amnesiac, más en la línea de OK Computer o, en menor medida, The Bends. Y Sí, Radiohead siempre eligen el tipo de disco más inadecuado posible en cada situación. Y es precisamente esto último uno de los motivos principales de que sean, seguramente, la mejor banda musical de los últimos tiempos.

No voy a reproducir aquí las cuatro páginas de análisis que me dediqué a escribir comparando las versiones definitivas de Nude, Arpeggi y Videotape; sería un coñazo pedante aburrido para todos. Voy a ir al grano: En esos tres casos (podríamos hablar largo y tendido de Bodysnatchers, pero tampoco vamos a hacerlo), Radiohead tenían trabajadísimas diferentes versiones de cada tema. De hecho, para cada uno de estos tres ejemplos, encontramos una versión que, incluso en directo, resulta ya inmejorable… las versiones perfectas. Y, sin embargo, las han desmontado y las han vuelto a montar y las versiones de estudio que aparecen en In Rainbows no son tan hermosamente bellas como las que hemos podido escuchar antes. Pero son mejores. Radiohead no trabajan a favor de la belleza de la canción, o de su perfección. Casi siempre tienen sólo en mente qué es lo mejor para la canción, cómo solventar el problema que cada canción es, de la mejor manera posible. Y eso es lo que hacen siempre: hacen la versión que nadie más sería capaz de hacer, atreviéndose incluso a renunciar a la belleza en beneficio de las necesidades internas de la canción. Se trata siempre de ir más allá. Por eso pueden dedicarse a trabajar durante diez años en Nude y que resulte que venga alguien y diga que es una jam session. ¿Cómo demonios va a ser un tema con una década de diferentes versiones, fruto de una sesión improvisada? Muchos de los trabajos recientes de Radiohead tienen el aspecto de haber sido improvisados, e incluyen elementos efectivamente improvisados o, todavía más, aleatorizados. Pero eso es una decisión estética a posteriori. El núcleo de todas las composiciones es fruto de un desarrollo muy complejo que suele extenderse en el tiempo. Y esto no es casual: sucede porque Radiohead siempre eligen el tipo de disco menos adecuado: no se trata de hacer aquello que saben que pueden hacer sin problemas, sino de tener el arrojo de intentar hacer algo que no saben si serán capaces de hacer. Radiohead hacen lo que los artistas hacen: se atreven a fracasar donde ningún otro lo haría.

In Rainbows podría haber sido el álbum más comercial, más fácil de escuchar y de vender de todo el catálogo de Radiohead. Podría haber estado formado por diez potenciales singles que se habrían colado sin miramientos en todos los top 10 del mundo. Podría haber sido un disco complaciente. Podría haber sido OK Computer II. Pero no. Y por eso Radiohead siempre se diferencian de los demás, que tratan de vendernos el mismo álbum varias veces, por eso no son U2 Smashing Pumpkins Coldplay un buen grupo sin más, sino la mejor banda de la música actual. In Rainbows es un trabajo increíble, un álbum absolutamente fascinante, repleto de imaginación, de delicias sonoras (aunque no siempre delicias musicales), excelentemente producido, soberbiamente compuesto y magistralmente ejecutado, que mejora con cada escucha.

Porque, respondiendo a LA cuestión (¿cómo de bueno es lo nuevo de Radiohead?), la única respuesta es, como siempre: MEJOR.

 

 

Para terminar, un par discos que merecen la pena y que estoy escuchando estos días:

- Sigur Ros, Hvarf-Heim. Un álbum doble: Hvarf nos trae versiones acústicas de algunos de los mejores temas de sus anteriores trabajos; Heim nos presenta un conjunto de temas inéditos. La melancolía de sus ambientes y la fascinante capacidad de encontrar nuevos sonidos de estos islandeses no conoce límites. Quizás no tan sorprendente como ( ) o Agaetys Byrjum, pero, sin duda, un disco muy recomendable.

- Chin Up Chin Up, We Should Have Never Lived like Skyscrapers. ¿Qué pasa si metes en una batidora a American Football, The Cure y Clap Your Hands Say Yeah? Que saldrá un grupo tan estupendo como Chin Up Chin Up, acompañado de un puñado de canciones tan excelentes como todas las que forman este álbum. Un disco gozoso y goloso, de los que hacen reír y llorar por igual. Absolutamente paladeable a todos los niveles.

Para el próximo día, algunas de las pelis (las buenas) que he visto últimamente, amén de alguna que otra recomendación literaria y/o musical que se me pase por la cabeza en el momento.