Muchos de los que leen, citan, adulan, nombran, venden, hinchan y aspiran a los posmodernos deberían tomarse la placentera molestia de leer antes a los simplemente modernos. Quizás entonces se darían cuenta de que más allá de la modernidad solo hay premodernidad, y que ese es precisamente el gran secreto de su oscuro éxito. El mecanismo de la modernidad consiste en dejar obsoleto todo aquello que no sea en sí mismo moderno y es por eso que todos los discursos de la posmodernidad suenan, a los oídos acostumbrados al temple imponente de lo moderno, anticuados, oscuros, perezosos, tristes.
Descubrimos, como dice C.F. Liria, que no hay un más allá del derecho que no sea la barbarie, ni un más allá del conocimiento que no sea la ignorancia. Tendremos que descubrir también que no hay un más allá de lo moderno que no sea lo antiguo.
