Habla Santiago Alba Rico de lo que gusta llamar la pedagogía del millón de muertos, ese puñetazo en la mesa que el capitalismo siempre ha sido aficionado a dar cada vez que un proyecto político que intenta circunvalarlo llega al poder, ya sea mediante la insurrección o (como sucedió en la segunda república española) mediante unas elecciones libres. Este puñetazo funciona de manera relativamente sencilla: ante el amago mismo de operar políticamente, de operar primariamente mediante la política y no mediante el mercado, de obligar al mercado a someterse a la política, el capitalismo siempre supo apañárselas para dejarle bien claro a la población quién tiene la sartén por el mango y la manera más fácil de demostrarlo fue plantar un millón de muertos encima de la mesa. Ejemplos hay muchos, sobre todo en latinoamérica, de cómo se hace esto: golpe militar, represión brutal, gobierno dictatorial, implantación de los principios de la escuela de Chicago.
De esta manera, la gente aprende rapidísimo la lección que puede extraerse de las palabras de Pinochet al convocarse las primeras elecciones tras su dictadura: “aceptaré cualquier resultado, mientras no gane la izquierda”. Un millón de muertos, o de torturados, o de desaparecidos, es una herramienta pedagógica muy potente.
Esta pedagogía del millón de muertos, que aún asoma de vez en cuando en lugares como África (aunque allí sale más barato comprar el país y sus instituciones que pagar o entrenar a golpistas), no es tan fácil de llevar a cabo en el ámbito de los países profundamente capitalizados. Una guerra civil, un golpe de estado, una dictadura a plena luz del sol serían cosa incómoda y contraproducente en un espacio como Europa. Es por esto que el capital se las ha ingeniado para desarrollar una herramienta pedagógica igualmente potente, pero menos aparatosa: la pedagogía del millón de parados.
Ambas funcionan de manera análoga, pero donde aquella fabrica con precisión envidiable cadáveres, esta fabrica desempleados. Cada vez que un gobierno pretenda ejercer políticamente, cada vez que pretenda salvaguardar el estado de derecho por encima del mercado, cada vez que quiera imponerse por encima de las necesidades del capital, el conglomerado financiero mundial da un golpe encima de la mesa y ahí está: el millón de parados.
¿Quién necesita la brutal franqueza terrorista de Oliver North cuando se tiene la eficiente sutileza ecoterrorista de Moody’s, Standard & Poors o Fitch?

Veremos ahora que empieza a hablarse sobre la posibilidad de que Grecia entre en “default”. Como hablan en “El economista”:
“Ahora, los bancos han presionado por un nuevo plan de recompra de deuda griega a cambio de un programa de reestructuración, argumentando que solo si se reduce el grueso total de la deuda de Grecia, el país podrá tener una recuperación sostenible. “
Gracias.
Pienso seguir ECQ con tantísima fuerza… me suscribo de hecho.
Gracias por vuestros comentarios, sois estupendos.
Con respecto a lo de Grecia, creo que está bastante claro que es una extorsión en toda regla, sobre todo cuando el rescate no es para Grecia, sino para que los bancos (principalmente bancos alemanes) que compraron deuda griega con la esperanza de especular con ella no se vayan a pique.
Ojo, que no seré yo quien diga que hay que dejar estamparse a los bancos así como así, pero ni tanto ni tan calvo. Solo hay que entrecerrar un poco los ojos para escuchar en las palabras de El Economista el tono de las cartas que reclaman el impuesto revolucionario.
Muy interesante, la verdad. Pero a los USA no les presionarán tanto. O ya veremos que pasa con China.