Die Welt ist alles, was der Fall ist.

By cohaagen

Recuerdo haber visto El Día de la Bestia con Norman (podéis leer su muy recomendable blog Homeless) en el desaparecido cine Aragón hace ya bastantes años. La calefacción en la sala era espantosa y me pasé toda la peli medio tiritando. Por supuesto, no me importó lo más mínimo. Me encantó aquella película y he visto casi todo lo que Alex de la Iglesia ha hecho desde entonces -incluso leí su novela, titulada Payasos en la Lavadora (aunque no era muy buena, la verdad), por mediación de Paula-. Y lo cierto es que mi admiración por el director vasco es ilimitada, aunque debo reconocer que no le admiro como director de cine, sino como persona. Esto no deja de ser preocupante, porque en realidad la de director es la única dimensión de su personalidad que conozco de manera directa: jamás he hablado con él, ni creo haberle visto en directo siquiera. Así que admiro de él algo que desconozco, y que, en gran medida, he construido sobre una base completamente imaginaria. Me inspira el deseo de que las cosas le vayan siempre bien y la buena imagen que de él tengo no se ha empañado aun a pesar de que ninguna película suya me ha gustado desde El Día de la Bestia (aunque su colaboración en Historias para no Dormir no estaba mal y siempre hay algo que se salva en sus trabajos).

Es por todo esto que me ha hecho feliz poder disfrutar sin reparos de su última película: Los Crímenes de Oxford. Es una película estupenda, entretenida, inteligente, clásica en el mejor sentido del término y nada pretenciosa, respetuosa con quien se ha dejado seis euros en la taquilla para verla y que sólo se ve ligeramente empañada por el trabajo un tanto pastoso de Leonor Watling. Ese papel era para otra actriz, preferiblemente no española. Todo lo demás es fantástico, eso sí. Gloriosas referencias a V for Vendetta (el cómic, claro, no esa mierda de película de hace un par de años), a Welles, a Hitchcock, homenaje a Wittgenstein (incluso alguno velado como el nombre del personaje de Mrs. Eagleton) incluido. Es verdad que algunas cosas son inexactas y que, por ejemplo, la objeción que el personaje interpretado por Elijah Wood le plantea al profesor Seldom (John Hurt) acerca del Tractatus no tiene ningún sentido si se ha leído la obra de Wittgenstein. Bueno, son cosas que pasan. No importa: ¿una peli protagonizada por un profesor de lógica, un estudiante de matemáticas y basada en detalles teóricos de la obra de Wittgenstein? ¿Y además divertida? Me apunto siempre.

No se puede decir lo mismo de la última película que he visto en el cine (en compañía, también, de Norman y Paula): 1408. Que no iba a ser muy buena se veía venir, es cierto, pero eso no importa demasiado si está protagonizada por John Cusack. Pero aquí de lo que se trata no es de si era mala, sino de lo inmensamente aburrida que resulta. Un auténtico coñazo infumable… Prohibido acercarse a menos de diez metros de cualquier rollo de este film, bajo riesgo de narcolepsia asesina. Un espanto, oigan.

 

Volviendo al mundo de las cosas que merecen la pena, es imperativo recomendar aquí tres libros absolutamente preciosos, inteligentes, divertidos, elegantes y que absolutamente cualquiera, con independencia de su edad y condición, puede y debe disfrutar con asombro. Su autor es Istvan Banyai (la influencia del maestro Moebius es fuerte en él…) y se titulan Zoom, Re-Zoom y El Otro Lado. Son libros de ilustraciones y prefiero no entrar en detalles acerca de su contenido, pues la primera vivencia de estos tomitos ha de estar lo menos mediada conceptualmente que se pueda. No puedo hacer menos que recomendarlos vivísimamente. Están publicados por FCE y, además, son económicamente muy asequibles. No los dejéis escapar: son el equivalente, en términos de alimento para hemisferios cerebrales derechos, del bacalao al pilpil. Regaláos una racioncita.

 

No digo más.

Qué post más pesado me ha quedado hoy, no?

Otro día, más y (esperemos) mejor.

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