Archivo de Diciembre 2007

In Rainbows (… y II)

Diciembre 27, 2007

Ayer me llegó, por fin, vía correo ordinario, el discbox que encargué hace ya tanto con la edición de lujo de In Rainbows. Me doy cuenta de que es un tema recurrente (quizás demasiado) en ECQ, que me paso todo el día hablando de Pardo y de Radiohead; es que soy así de pesado, y quien me conoce sabe que es cierto, al menos hasta que la novedad se disipe.

A lo que iba… Llegó, como un regalo atrasado de navidad, el discbox. Y qué gustazo. Edición en doble vinilo del disco, más un CD con algunos temas extra, artwork y todo ello en un embalaje de auténtico gourmet coleccionista. Humm, qué rico! Vayamos, pues, al turrón. El CD extra abre con MK1, un loop con los coros y un sampler de Videotape. Una joyita pequeña que sirve de aperitivo. Al igual que pasaba con el lanzamiento “oficial”, en este bonus disc, encontramos canciones que la banda ya había estado ensayando en directo y que, por tanto, muchos ya habíamos escuchado. Es el caso de Down is the New Up, reverso tenebroso y magnificado de 15 Step, con la que comparte estructura pero a la que añade un gran nivel de opacidad sonora. Uno de esos temas que requieren un par de escuchas antes de una correcta apreciación. Todo lo contrario sucede con Go Slowly, una hermosa pieza, sutil y maravillosamente sostenida sobre una revisita al final de There, there, tema que fue single de su anterior disco, Hail to the Thief. La capacidad vocal de Thom Yorke brilla casi a la misma altura que la evidencia con que se muestra lo que una banda de la calidad de Radiohead es capaz de hacer con una misma armonía, montando dos temas tan diferentes en todos los aspectos (otro ejemplo es el paralelismo entre Like Spinning Plates -publicada en Amnesiac- y su imagen especular, I Will -que encontramos en Hail to the Thief-; ambas canciones son la misma pieza, una al derecho y la otra puesta del revés). Continuamos: MK2 es otro mini corte sonoro montado con lo que reconocemos como el extraño comienzo de Nude. Last Flowers es un tema retorcido que recuerda a Down is the New Up, pero con el aspecto fúnebre acentuado por el inmenso trabajo vocal de Yorke (quizás el mejor argumento a favor de escuchar este disco extra… Thom está que se sale, literalmente). Up on the Ladder construye la tensión y se desarrolla como un tema de Mirwais, despacio pero seguro. Es una canción repleta de referencias sonoras a diferentes contextos, con secciones emborronadas y saturadas a las que siguen tramos de evidente inspiración electrónica. Destaca la labor del bajo, que es el auténtico motivo de la canción, como contrapuesto a los sintes altos y las voces. Bangers & Mash también es un tema que la banda ha presentado en directo en varias ocasiones. Quizás sea el menos equilibrado de los que conforman esta entrega, donde la banda deriva más hacia el collage estilístico. Eso sí, el puente es absolutamente magnífico: la banda rescata el tema con maestría de entre la maraña sonora que lo rodea. El caso de 4 Minute Warning es la plasmación de algo que ya traté de defender aquí en otra ocasión, y es que Radiohead trabajan en favor de opciones estéticas concretas, no de resultados específicos. Las versiones previas de este tema lo presentaban como una actualización de No Surprises, con ciertos toques de rock genuino, montado sobre una progresión clara en piano. Todo eso ha desaparecido en esta versión bajo las sucesivas capas de producción, quedando apenas el bajo y el piano, allá a lo lejos, en favor de una claridad meridiana para la voz y los coros, a mayor volumen y tratados con mucha elegancia.

Resumiendo, este bonus disc alberga una obra maestra del repertorio de Radiohead (Go Slowly), piezas intermedias y una canción -4 Minute Warning- que (os lo aseguro) asombrará a todo el que descubra lo que se esconde bajo su gruesa capa de amortiguación cuando la toquen en los conciertos.

 

Otro día más cositas.

Hasta otra.

Another uninnocent, elegant fall into the unmagnificent lives of adults

Diciembre 26, 2007

Llevo varios días escuchando sólo una canción. Es la mejor canción que he escuchado este año y, para mi sorpresa, no está en el último trabajo de Radiohead, sino que es el segundo corte de Boxer, el último disco de The National: Mistaken for Strangers es su título y realmente no voy a ser capaz de describirla haciéndole la más mínima justicia (el título del post es un verso de su asombrosa letra…). Recuerdo a Pardo diciendo que no hay una manera mejor de expresar lo que sea que una obra de arte expresa que la obra misma. La obra es insustituible. Éste es el mismo caso: yo no voy a ser capaz siquiera de comenzar a haceros ver lo absolutamente maravillosa y sublime que es esta canción. Lo único que puede hacerse con una canción así es callarse para escucharla. Y eso os recomiendo. Gallifante de Platino a la mejor canción del año sin niguna duda.

Hablando de Pardo, hace ya unos días que terminé de leer Esto no es Música. Es, como se veía venir, un libro magnífico. Para quien ha asistido a sus cursos resulta diáfano, meridianamente claro y refulgente. Ciertos capítulos o secciones recuerdo haberlas escuchado en las aulas (por ejemplo, el capítulo 11 es un excelente resumen de su curso para la asignatura Nihilismo y Metafísica) y es muy grato ver cómo ha sabido enriquecer aún más todo el entramado de referencias que una y otra vez hacía de viva voz. Se puede decir que, mientras La Regla del Juego era una suerte de ampliación magnificada de lo esencial del curso de El Nacimiento de la Filosofía, esta última obra es, al mismo tiempo una relectura de los contenidos de la ya citada Nihilismo y Metafísica, junto con El Problema del Tiempo (aunque ya había bastante de esto también en La Regla del Juego) y el seminario sobre El Anti-Edipo que presentaba en la asignatura Corrientes Actuales de la Filosofía I. El libro es un genial tour de force que sabe equilibrar perfectamente todos sus elementos. Cuando se lee a Pardo uno tiene la sensación de que guarda más de una novela a medias en el cajón de la mesa; no hay más que ver la excelencia con la que narra la vida de Luigi Lucheni (el asesino de Sissi, la emperatriz) o el brillante comienzo de La Regla del Juego. Esto no es Música (y recuerdo que el subtítulo reza: Una introducción al malestar en la cultura de masas) es un libro paladeable en todos los sentidos aunque, avisados quedáis todos, su regusto es amargo. Muy amargo. Pardo no ha venido a dar consuelo.

Por cierto, no puedo dejar de decirlo: si hay algo con lo que uno puede quedarse, por encima de todo, al leer este libro, es con la magnífica explicación de una cuestión que habitualmente se malentiende. Es lo que yo consideraría el nudo central del problema de la metafísica. Su relación con Kant es profunda, pero sobre eso hablaré otro día. Lo expresaré de manera muy simplista por dos motivos:

a) No voy a escribir ahora un artículo de quince páginas sobre el tema, para empezar porque no son horas; y

b) Pardo (y Deleuze) lo explican mejor que yo.

Pero vendría a ser como sigue: ¿Cómo se invierte a Hegel? Desde luego, no se le puede invertir como Marx quiso hacerlo (la referencia aquí a Liria es obligada), porque uno se encuentra con que, al final, se tiene al mismo Hegel, pero bocabajo. Hay que hacerlo como lo hizo Nietzsche: no se trata de poner arriba lo que estaba abajo, y viceversa; se trata de poner a la derecha lo que estaba en la izquierda, de poner al principio lo que estaba al final, pero tampoco como quien comienza un libro leyendo la última página, sino como quien trata de leerlo mirando las palabras en un espejo. Coged la Fenomenología del Espíritu, la Ciencia de la Lógica, la Enciclopedia de las Ciencias Filosófícas y mirad el índice de cada obra. Y comenzad a leer por el final, en voz alta, lo que os encontréis en el espejo.

Ya veréis qué susto.

 

Otros libros y pelis que han caído últimamente:

Terminé A Spot of Bother, de Mark Haddon. Qué novela tan bien hecha, la verdad. Así da gusto leer ficción. Tan recomendable como su primer libro.

Leí también Firmin, de Sam Savage (Seix Barral). No está mal, pero es demasiado sensiblero y no me gusta cuando me chantajean emocionalmente. O cuando lo hacen y me doy cuenta. Pasable, con algunos momentos buenos y otros entretenidos, pero no merece la pena (literalmente).

Pude ver el otro día, en la inmejorable compañía de Paula, la excelente The History Boys, dirigida por Nicholas Hytner, con guión de Alan Bennett sobre su obra de teatro de igual título (e interpretada por el mismo reparto, según tengo entendido). Una buena película con excelentes interpretaciones, sustentada por diálogos brillantes. Una de esas películas en las que sabes perfectamente qué va a pasar, pero no importa lo más mínimo, sólo quieres quedarte a ver cómo.

También pude comprobar cómo hay directores que nunca defraudan, incluso cuando no sabes muy bien si fiarte de ellos. Es el caso de Clint Eastwood. Estoy casi completamente convencido de que Cartas desde Iwo-Jima me va a gustar, y mucho. Pero no lo tenía tan claro con Banderas de nuestros Padres. Bueno, pues todos mis temores eran infundados: es una gran película en todos los sentidos; no es la mejor película de Eastwood, pero está muy muy bien.

Del mismo modo, Tarantino nunca defrauda y Death Proof me ha gustado tanto como (no, corrijo: más aún que) cuando la ví por primera vez en el cine. Será debilidad personal, no lo sé… Me gusta todo lo que Tarantino ha dirigido, no puedo evitarlo.

Por último, hoy mismo he empezado La Educación Sentimental, de Flaubert. Si resulta la mitad de buena que Bouvard y Pecuchet o, claro está, Madame Bovary, me esperan buenos días de lectura.

 

Ya veremos qué pasa.

Hasta otra.

At midnight, all the agents…

Diciembre 10, 2007

Aunque mi amor por los libros apenas conozca límites, suelo abominar de los programas literarios que se emiten por televisión. Seguramente esto tenga más que ver con ciertos lugares comunes acerca de qué y cómo deben ser estos programas que con sus contenidos reales: en televisión, inexplicablemente, se suele tratar de conseguir que los espacios acerca de libros resulten plomizos o banales. Y si tales resultados no son fruto de un esfuerzo dedicado y consciente, entonces es que algo no termina de cuajar adecuadamente en las cabezas de quienes eligen el formato y los contenidos.

Estravagario no era un mal programa, pero resultaba aburrido (excesiva duración) y derivaba habitualmente hacia el otro gran defecto que los programas literarios en televisión tienden a albergar: el pedantismo gafapastoso. Es cierto que era de agradecer un pequeño reducto de cultura respetable en TV, pero tampoco era para tanto.

Negro sobre Blanco (ahora transplantado, bajo otro nombre, a Telemadrid) estaba en la otra punta del espectro: no era aburrido, pero más bien porque lo irritante y molesto no puede llegar a causar la indiferencia asociada al tedio. Albiol y Paula han sufrido -aunque no siempre en silencio- las consecuencias funestas (muchos posts de mi difunto blog nacieron de la indignación ante estupideces vertidas en aquel programa) de haberme expuesto voluntariamente a las maléficas radiaciones de ese perfecto imbécil que es Fernando Sánchez Dragó. Un escritor mediocre metido a sabelotodo, metomentodo y opinador profesional acerca de cuyas peculiares idiosincrasias voy a preferir no pronunciarme por extenso. Diré apenas que es un sofista de la más baja ralea, y quedaré satisfecho con ello. El programa, por lo demás, resultaba engreído, insultante y siempre rebosaba (a partes iguales) pereza intelectual, endogamia amiguil y cierto olor a tocino rancio (un poco como si fuese una versión literaria del programa de Garci…). Mala cosa, la verdad. Sin embargo, he de reconocer que en multitud de ocasiones me lo tragué entero, como quien admite con vergüenza que no puede evitar pararse a echar un vistazo a los restos de un accidente.

Digo todo esto porque ayer pude disfrutar del nuevo espacio literario de La2 (Página2). Es un programa breve, pero intenso. Trata de alejarse de todos los pesados tópicos que lastran tradicionalmente a este tipo de programas y hace lo que tiene que hacer: informar y entretener a partes iguales. No aburre, no resulta pretencioso y no se mete en camisas de once varas. Media hora semanal de actualidad y breves reportajes acerca de libros, una entrevista en varias partes con algún autor y una edición cuidada acompañada de un presentador agradable que irradia buen humor e interés por la letra impresa. Así sí se hace un buen programa. Un formato inteligente que deja con ganas de más, programado a una hora decente (las 20:15h.) y que sigue la tradición de espacios televisivos de calidad que La2 lleva años regalándonos. Digamos que está mucho más cerca de Miradas2 o de Metrópolis que de Negro sobre Blanco, Qué grande es el cine o aquél otro plomazo que -creo recordar- presentaba Juancho Armas Marcelo, cuyo título he olvidado ya.

Hace poco comenté aquí mismo mis primeras impresiones acerca del nuevo libro de Jose Luis Pardo. Mi lectura de Esto no es Música va más despacio de lo que quisiera. Tengo demasiados libros a medias y, además, mi Xbox360 acaba de volver de un exilio forzado por una avería, de modo que divido mi tiempo entre Paula, estudiar -aunque no mucho, no vayamos a engañarnos- para el CAP, leer (estoy sobre todo enfrascado con la inacabable aventura de leer los dieciséis tomos de Cerebus) y jugar al Mass Effect.

Mass Effect no es un juego perfecto, pero casi. Sospecho que la mayoría de las críticas duras que se le hacen tienen más que ver con lo que la gente erróneamente esperaba de él que con problemas reales del juego. ¿Defectos? Los menús son engorrosos. Digamos que es un juego que, en ocasiones, es muy poco user friendly.

Ya está. Yo no le he encontrado más fallos que éste y alguna que otra caída de framerate (también las tiene Oblivion y sigue siendo uno de los cuatro o cinco mejores juegos que he visto en mi vida) sin mayores consecuencias. Todo lo demás es una delicia para cualquier amante de los RPG y la ciencia-ficción: argumento, narración, banda sonora, combates, implicación emocional… Una auténtica gozada que me va a quitar muchas horas de sueño estudio y lectura estas navidades. Gallifante de Platino ex aequo junto con Bioshock y Portal, los otros dos juegos -en mi opinión- imprescindibles de este año que ya se va acabando.

Dentro de poco, puedo sentirlo ya, llegará la gran reorganización de la biblioteca (sé que lo digo a menudo, es importante para mí): para aquellos que hayáis leído Alta Fidelidad, o que hayáis disfrutado con su maravillosa adaptación cinematográfica, puedo decir que me sucede con mis libros lo mismo que a Rob Gordon con sus discos. Serán días de reencuentros literarios (muchos de mis libros están sepultados bajo capas de más libros) y eso es siempre motivo de alegría. Volveré a ver ciertos libros que había olvidado que tenía y seguro que eso me motivará a leer más y, quizá tambien, con suerte, a escribir.

Es un día soleado y frío. Un día perfecto para sentarse a escuchar a Van Morrison o a Otis Redding y leer y mirar por la ventana. Debería dejar de hacer el vago y seguir escribiendo, trabajar en los tres o cuatro proyectos literarios que siguen a medias después de tantos años…

Ya veremos qué me depara el día, quizás hoy sea capaz de sentarme a trabajar.

Hasta otra.

 

Toma una magdalena…

Diciembre 4, 2007

No diré de Javier Marías que sea el peor escritor en castellano con el que haya tenído que vérmelas, principalmente porque reconozco que no dispongo de una muestra de conjunto suficientemente amplia; no suelo leer literatura castellana, y menos aún literatura castellana contemporánea. De hecho, estoy plenamente convencido de que hay escritores peores que él: no me cabe duda de que cabestros como Juan Manuel de Prada (junto con toda su cohorte de fachuzos tristones) o moñas del corte de Arturo Pérez Reverte son, al menos, tan malos como Marías (eso sin entrar a hablar de Lucía Etxebarría et al.). Pero sí diré que es autor de la que -sin lugar a duda alguna- puedo decir que es la peor novela que he leído de principio a fin: Todas las Almas.

Me crucé con la narrativa de Marías, como supongo que les pasó a otros muchos, porque sus artículos semanales en El País, sin ser magistrales resultan entretenidos la mayoría de las veces. Sí, casi siempre algo pedantes y con tendencia a denotar que el autor está encantado de conocerse, pero habitualmente entretenidos. Así que mi madre me regaló un buen día Harán de mí un criminal (recopilación de artículos) y yo mismo me hice con un tomito dedicado a breves reseñas biobibliográficas de diversos escritores, bajo el no muy original título de Vidas Escritas. Ya que estaba, compré también una novela de Marías, por aquello de comprobar si también se defendía como narrador. La novela era Corazón tan blanco y me aburrió de tal modo que la dejé de lado enseguida. Aquello -pensé- era un coñazo inaguantable y nada justifica machacar de tal modo al lector. No le concedí mayor importancia y decidí, simplemente, olvidar que Marías se dedicaba también a la novela. Seguí leyendo sus artículos semanales regularmente.

El curso pasado, sin embargo, tuve la fortuna de asistir a un seminario de master dirigido por el profesor Jose Ignacio Díez Fernández, bajo el rótulo Del Texto a la Pantalla. Allí se analizaron textos castellanos de los que se hubiese hecho adaptación cinematográfica; Soldados de Salamina, de Javier Cercas fue el primero pero leímos, entre otros, la Vida de Teresa de Jesús o el omnipresente Quijote. Y también se analizó Todas las almas, de Marías (en el que se inspiró la también nauseabunda película, dirigida por Gracia Querejeta, El último viaje de Robert Rylands). De modo que, académicamente obligado a leer la novela de Marías entera, no tuve en esta ocasión la gozosa posibilidad de abandonar el tedioso relato de las insulsas -previsibles y faltas de todo interés- vivencias de un pintamonas, pretencioso, machista e imbécil profesor de español en Oxford. Así que me armé de regla y lápiz y me leí aquel despropósito, tratando de tomarlo como objeto de estudio y no de tortura intelectual.

No fue fácil. En condiciones normales no habría leído nunca más allá de las veinte o treinta páginas de semejante espanto. Valoro mucho el tiempo que dedico a leer porque sé que no tengo tiempo de leer todo lo que debería, todo lo que merece la pena ser leído: no se puede ir malgastando córnea con basura. Pero me sobrepuse y lo tomé como un reto personal (en gran medida porque sabía que mi fiel Albiol estaba ahí, en la trinchera literaria, sufriéndolo conmigo, aguantando aquel Stalingrado de aburrimiento e indignación; hicimos de la necesidad virtud y muchas risas y bromas nacieron de las torpezas y zafiedades de Todas las almas). Llegó el día en que pudimos destripar y despacharnos a gusto exponiendo en clase nuestras críticas a este libro que ni es novela ni es, en realidad, nada. Y fuimos relativamente felices al descubrir que no estábamos solos.

No pienso tomarme la molestia de volver a revisitar los apuntes y las notas que tomé durante la exasperante lectura de Todas las almas para publicarlos aquí y justificar mis juicios sobre la obra. Sería demasiado. En cambio, voy a tomarme la libertad de referir a quien pudiera estar interesado en una lectura crítica pero ecuánime de las obras de Marías a los abanderados de la crítica acompasada (método crrítico casi definitivo): los amigos de la fiera literaria. Aquí y aquí podréis encontrar excelentes ejercicios de crítica literaria de la obra de Marías, aunque recomiendo todos y cada uno de los artículos publicados en la página. La ventaja de su método crítico es que se basa, de un modo bastante wittgensteiniano, en mostrar las torpezas -expresivas, semánticas, estilísticas o intelectuales- de ciertos autores a quienes la crítica mainstream no hace más que encumbrar. No hay que estar de acuerdo con la fiera, sólo hay que abrir el libro por la página que indican, coger un lápiz, un diccionario, una gramática del castellano y asombrarse ante la ínfima calidad literaria e intelectual de multitud de obras que la crítica literaria generalista alaba sin cesar, obedeciendo sin duda a sus propios intereses comerciales.

Escribo todo esto porque estaba viendo CNN+ y me he encontrado con que Javier Marías fue entrevistado ayer en el programa Cara a Cara, con motivo de la publicación de su último coñazo libro, tercera y última parte de Tu rostro mañana. Si alguien tiene interés en adentrarse en el mundo literario de Javier Marías a raíz de haber visto esa entrevista, o por la enorme acumulación de premios que le avalan, o por la excelente acogida que los críticos siempre le dispensan, tómese el tiempo de visitar primero las páginas indicadas más arriba y decida luego. Sólo diré eso, pues quien avisa no es traidor.

Si alguien tiene interés, por el contrario, en leer una novela castellana contemporánea realmente buena, no puedo dejar de recomendar La Escala de los Mapas, de Belén Gopegui. Un libro maravillosamente bien escrito, profundo, hermoso e innovador. No se encuentran cosas mucho mejores que decir de una novela: un auténtico regalo para el paladar literario. Un debut inmejorable.

Otro día, más cositas y menos bilis.

Variantes y entrantes

Diciembre 4, 2007

Quien me conozca seguramente sabrá que guardo una inmensa admiración por muchos de los profesores a cuyos cursos y seminarios he tenido la fortuna de asistir en mis demasiados años como estudiante en la Kantera (también conocida como Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid). De entre esos profesores hay algunos para con los que he contraído deudas intelectuales absolutamente impagables: María José Callejo, Carlos Fernández Liria, Ana Rioja o Juan Miguel Palacios son algunos de ellos. El caso de José Luis Pardo es también peculiar: he aprovechado todas las oportunidades que se me han brindado para poder disfrutar de sus clases, y he asistido a todas las asignaturas que imparte. Con Pardo uno siente que tiene delante a alguien que está, de facto, haciendo filosofía. No sólo dando clase de filosofía, no sólo hablando de filosofía, sino filosofando, ejerciendo como filósofo.

Eso es algo inusual. Y, aunque ligeramente diluída por la mediación de la página impresa, esa sensación se mantiene cuando uno se acerca a su obra escrita. Los libros de Pardo (así como los de Liria ­-Callejo, para desgracia de todos, no ha publicado nada… aún-­) son siempre un ejercicio de lucidez filosófica. Olvídense lectores de encontrar en ellos chorradas egotísticas tipo Jose Antonio Marina, pedanterías variadas a la Jorodovsky o estupideces propias de un Dragó y demás basuras intelectuales afines a éste. Primero, porque Pardo es un pensador de altura y, en segundo lugar, porque es un escritor excelente; la conjunción de ambas cualidades le hace un ejemplar casi único, una rara avis en el páramo de las letras castellanas (donde parece que es lugar común dar por bueno a Savater ­-quien se defiende bien en las distancias cortas del diálogo, pero no es un escritor relevante ni puede preciarse de resultar teóricamente muy interesante-­).

Continuación, de aquella manera, de la obra que le valió en 2005 la concesión del Premio Nacional de Ensayo (La Regla del Juego, también publicado en Galaxia/Gutenberg), nos llega, recién salido de imprenta, el nuevo trabajo de José Luis Pardo: Esto no es Música. En él volvemos a encontrar todos los ingredientes que gloriosamente jalonan el mundo filosófico de este tipo que imparte sus clases sin dejar de mirar al techo si quiera por un instante: la música pop (Beatles, Dylan, Bowie…), el comic y los dibujos animados, el cine (de Cronenberg o Wenders), la literatura, Deleuze, Rorty, Kant, Nietzsche, Aristóteles, Wittgenstein, Platón, Sennett, Ricoeur… y clásicos como la inolvidable formulación del principio de anterioridad posterior (arma definitiva para la lucha contra hegelianos de todo tipo y condición): “eso es como hacer la quiniela del domingo con el periódico del lunes“.

De momento sólo he tenido tiempo para leer los tres primeros capítulos de Esto no es Música, pero puedo decir desde ya mismo que es un libro excelente y apasionante. Ya me ha hecho reír, ya me ha hecho pensar y ya me ha hecho sentir envidia… Así son los libros de Pardo. Los recomiendo todos, desde los más… diremos divulgativos como La Metafísica o su libro a medias con Savater, a las obras más teóricas como Las Formas de la Exterioridad, La Intimidad o La Banalidad (siendo éste último de lectura obligatoria, junto con La Regla del Juego). Leer a Pardo es disfrutar aprendiendo con alguien que disfruta pensando y escribiendo. No puedo hablar suficientemente bien de él, así que no me extenderé más en obviedades y tópicos.

En el mismo intercambio de dinero por bienes y servicios por el que me he hecho con mi copia de lo último de Pardo, también he adquirido el que hace el noveno volumen de Obras Completas de Theodor W. Adorno que tengo la fortuna de poseer: es el tomo XV e incluye las obras Composición para el Cine y El Fiel Correpetidor. Se sitúa, pues, en el tramo de las obras que el genial pensador le dedicó a la música. Estudiar a Adorno es siempre una gozada… es el equivalente filosófico de ver una película de Bruce Lee, si se me permite el sacrilegio: Adorno reparte tollinas, soplamocos, bofetadas y, en general, hostias como panes de pueblo, a diestro y siniestro. Y lo hace con un donaire y una elegancia fuera de lo común. Después de que Adorno hable, nada queda donde estaba: todos los entramados ideológicos a los que se acerca se desmoronan a su paso como castillos de naipes. Trabajos como La Jerga de la Autenticidad, la Dialéctica Negativa o gran cantidad de los ensayos reogidos en los tomos dedicados a los Escritos Sociológicos o a las Notas sobre Literatura son ejemplos de todo ello. Y, aunque no siempre se esté de acuerdo con lo que dice, o puedan plantearse objeciones a sus conclusiones teóricas, siempre queda la satisfacción de haber visto en acción a uno de los grandes, igual que cuando uno ve Operación Dragón.

En otro orden de cosas, la racha de buenas películas acabó, como era cosa de prever. Dos películas dieron al traste con ella: Elizabethtown y Mi Super Ex-novia. Vale, ya lo sé… Tenía que haberlo visto venir. Rápidamente, empezamos con la última: ¿porqué demonios alguien ve una película como Mi Super Ex-novia? Pues porque está dirigida por Ivan Reitman, ni más ni menos. Y ya sé que ha hecho mucha mierda, pero también ha hecho Los Cazafantasmas, por el amor de dios… Es la esperanza de que vuelva a hacer algo como ese gran clásico de la comedia lo que nos impulsa a darle una inmerecida oportunidad a basuras como Mi Super Ex-novia, nada más. Un auténtico coñazo, oigan.

Lo de Elizabethtown es también de juzgado de guardia… Una película que lo hace todo mal, incluso lo que parece que no puede hacerse mal de ninguna manera. Una película que consigue arruinar quince minutos de calidad al comienzo y casi al final, unidos por una interminable procesión de errores de todo tipo (interpretativos, narrativos y estructurales). Un espanto y, además, ñoña como sólo Cameron Crowe puede llegar a hacer una película. Un horror, debería llevar una etiqueta de biohazard.

Por fortuna, hoy espero resarcirme disfrutando del comentario del director que viene en el DVD de Hard Candy… una película excelente, divertida, irónica, amarga, inteligente y maravillosa que Paula tuvo a bien descubrirme hace tiempo. Si no la habéis visto… hacedlo. No digo más.

Última recomendación del día: a veces dejarse llevar por la corriente es bueno. Decidí darle una oportunidad a los tres álbumes mejor valorados del año según metacritic. Resultó que el número tres era In Rainbows, así que eso me dejó sólo ante dos incógnitas. Ahora puedo decir que fue una muy buena decisión. Tanto From Here we go Sublime de The Field como cualquier trabajo de Stars of the Lid son discos altamente recomendables (aunque reconozco que no para todos los gustos). Si os gusta (aunque sea un poco pequeño) la música electrónica, regaláos la escucha de lo último de The Field: seguro que encontraréis algo nuevo con cada nueva visita. Y si apreciáis en algo el legado ambient de Brian Eno, no dejéis pasar la oportunidad de conocer a Stars of the Lid, porque os van a encantar: absolutamente gloriosos.

Se avecina la gran reorganización de mi biblioteca y, con ella, seguramente comenzaré la prometida lista de recomendaciones bibliográficas en la que Mario me insiste siempre que nos vemos (nos vemos de pascuas a ramos, también es verdad). Tampoco quiero olvidarme de reseñar (aunque sea brevemente) el último libro de Liria… Quizás sea lo próximo.

Hasta entonces.